Desafíos
¿Cuáles son los desafíos del liderazgo en las empresas? Hoy y mañana. ¿Qué líderes necesitamos? En estas páginas encontrarás el puntapié inicial de nuestra propuesta y una reseña bibliográfica para alimentar la reflexión. “Desafíos” fue la idea de un newsletter primero, la de un blog después y finalmente la de una mesa de debate. Hoy esperamos que sea todo eso junto.

Saramago

05/10/15 Reseñas # , , , , , , , ,

Así como David desafió a Goliat

Así como David desafió a Goliat

José Saramago propone un ácido e irónico cambio de paradigma con su “Caín”, que quizás pueda cuestionar la manera en la cual habitualmente lideramos. ¿Quién nos prometió que Abel era la víctima y su hermano el victimario?:

“Estaba claro, el señor desdeñaba a Caín. Fue entonces cuando se puso de manifiesto el verdadero carácter de Abel. En lugar de compadecerse de la tristeza del hermano y consolarlo, se burló de él, y, como si eso fuera poco, se puso a enaltecer su propia persona, proclamándose, ante el atónito y desconcertado Caín, un favorito del señor, un elegido de Dios.
El infeliz Caín no tuvo otro remedio que engullir la afrenta y volver al trabajo. La escena se repitió, invariable, durante una semana, (…) Y siempre la falta de piedad de Abel, la jactancia de Abel, el desprecio de Abel. Un día Caín le pidió al hermano que lo acompañara a un valle cercano donde corría la voz de que se escondía una zorra y allí, con sus propias manos, lo mató a golpes con una quijada de burro que había escondido antes en un matorral, o sea, con alevosa premeditación.”

Pues entonces Abel es el culpable. O no:

“Lo he matado, pero el primer culpable eres tú, yo habría dado mi vida por su vida si tú no hubieses destruido la mía. ¿Quién eres para poner a prueba lo que tú mismo has creado?. Dejaste que matara a Abel cuando estaba en tus manos evitarlo. Hubiera bastado que durante un momento abandonaras la soberbia de la infalibilidad, que aceptases mi ofrenda con humildad, en lugar de rechazarla. Los dioses tenéis deberes para aquellos a quienes decís habéis creado. Maté a Abel porque no podía matarte a ti, pero en mi intención estás muerto.”

Dios contesta:

“Haré un acuerdo de responsabilidad compartida. Reconozco mi parte de culpa, pero no se lo digas a nadie. Será un secreto entre Dios y Caín.”

He aquí un dios débil, rufián, negociador por conveniencia. Expuesto así a lo largo de todo el texto, por Caín. A partir de esas premisas, este libro y su autor han recibido demasiadas críticas, basadas en la literalidad con que se los toma, sustentadas en denuncias del tipo de “blasfemos que cambian la biblia”.

Ante dichas acusaciones, Saramago responde fresca y francamente que nada intenta cambiar, que sólo pretende escribir para desasosegar.

Caín no es ni bueno ni malo, ni más o menos. Caín ante todo es humano, es hombre, y como todos los de su especie es capaz de lo mejor y de lo peor. Pero a pesar de comenzar su historia como un criminal, Caín ama, incluso a su hermano, al que termina por matar. ¿A consecuencia de un mandato pobre, uno injusto? La acción de Caín, ¿es legítima y reivindicatoria?

La incertidumbre que provoca Saramago (y aun la indignación para quienes así la hayan sentido) es misión del arte, como lo concebía Artaud. Cambiar el punto de vista, poner en crisis lo impuesto, aunque sea por el rato que dure una lectura, una fábula, una novela, un ensayo. Lejos de desestimar asuntos religiosos, alguien tiene que ponerse eso al hombro y esta vez le toco a Caín. El personaje que no estaba de acuerdo con Dios, con un dios, con sus preceptos, o sus locuras. Cambiar, entonces, para desasosegar. Para privar de la calma y el sosiego. Desazonar, alarmar, remorder, inquietar. Romper las reglas, esas que por lo menos, alguna vez deben ser quebrantadas.

Y hablando de rompe-reglas, vaya una yapa de cierre. Aquella célebre reflexión de Einstein sobre la Crisis y el cambio:

No pretendamos que las cosas cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quién supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar «superado».
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla.

Desafios de la construccin