Desafíos
¿Cuáles son los desafíos del liderazgo en las empresas? Hoy y mañana. ¿Qué líderes necesitamos? En estas páginas encontrarás el puntapié inicial de nuestra propuesta y una reseña bibliográfica para alimentar la reflexión. “Desafíos” fue la idea de un newsletter primero, la de un blog después y finalmente la de una mesa de debate. Hoy esperamos que sea todo eso junto.

Lovelace

05/09/15 Reseñas # , , , ,

Dos personas, la misma historia: Ada de Lovelace y Alan Turing

Dos personas, la misma historia: Ada de Lovelace y Alan Turing

La revolución industrial se basó en dos grandes ideas que resultaron trascendentales por su simplicidad. Hubo innovadores a quienes se les ocurrieron formas de simplificar esfuerzos dividiendo grandes tareas en otras, más pequeñas y más fáciles que pudieran realizarse en cadenas de montaje. Luego, comenzando en la industria textil, hubo inventores que encontraron formas de mecanizar los distintos pasos de modo que estos pudieran ser ejecutados por máquinas, muchas de ellas impulsadas a vapor. Basándose en ideas de Pascal y Leibniz, Babbage trató de aplicar estos dos procesos a la producción de cómputos, creando un precursor mecánico del ordenador moderno. Su salto conceptual más significativo fue la idea de que tales máquinas no habían de destinarse a realizar un proceso único, sino que, lejos de ello, podrían programarse y reprogramarse mediante el uso de tarjetas perforadas.

Ada de Lovelace había nacido en diciembre de 1815 en Londres. Hija de Lord Byron fue mantenida lejos de su padre al que solo pudo ver contadas veces, ya de adulta. Para exorcizar los demonios que su padre le habría transferido al nacer, y ya que la niña mostraba precozmente una sensibilidad particular, su madre la obligó a estudiar matemáticas. Para quienes no estén familiarizados con la vida de Lord Byron bastará una breve referencia a Wikipedia. Diremos simplemente aquí que el padre de Ada era tan parecido a Dionisio, el dios griego del vino y los excesos, cuanto  un ser humano puede serlo.

En su vida adulta, Ada supo ver la belleza y la trascendencia de la cautivadora noción de Babbage y formuló una idea aún más apasionante que se derivaba de ella: que tales máquinas podrían procesar no solo números, sino cualquier cosa que pudiera expresarse por medio de símbolos.

La realidad es que la contribución de Ada fue tan profunda como inspiradora. Más que el propio Babbage, ella fue capaz de vislumbrar un futuro en que las máquinas se convertirían en compañeras de la imaginación humana, tejiendo conjuntamente tapices tan hermosos como los del telar de Jacquard. Su aprecio por la “ciencia poética”, como ella misma definía las matemáticas, la llevó a valorar una propuesta de máquina calculadora que fue desechada por el estamento científico de su tiempo. En rigor, Ada había logrado percibir como la capacidad de procesamiento de semejante dispositivo podría utilizarse con cualquier forma de información.

El aporte significativo de Lady Lovelace fue lo que ella misma resume en el siguiente párrafo de sus Notas sobre Babbage: “Los límites de la aritmética se vieron superados en el momento en que surgió la idea de aplicar tarjetas. La máquina analítica no tiene nada en común con las meras máquinas de calcular. Ocupa plenamente un lugar propio. Al permitir a un mecanismo combinar símbolos generales en sucesiones de variedad y alcance ilimitados, se establece un vínculo de unión entre las operaciones de la materia y los procesos mentales abstractos.”

Es decir, en la máquina universal, supo ver que sus operaciones no tenían por qué limitarse a las matemáticas y los números. Ada señala que una máquina como la analítica podía almacenar, manipular, procesar y ejecutar cualquier cosa que pudiera expresarse con símbolos, palabras, lógica, música y cualquier otra cosa para cuya trasmisión se pudieran usar símbolos.

Otro aporte central de Ada fue el de determinar con gran detalle el funcionamiento de lo que hoy llamamos un programa. En la fascinante mente de Lady Lovelace esto era posible gracias al mecanismo de la tarjeta perforada. Se necesitaban 75 tarjetas para generar un número en la serie de Bernouli, y luego el proceso se volvía iterativo dado que el número era incluido en el proceso para generar el siguiente.

Finalmente Ada fue la primera en la historia del conocimiento humano en plantear la siguiente pregunta: ¿pueden las máquinas pensar? Su opinión era que no, “la máquina analítica no tiene en absoluto pretensión alguna de originar nada, puede hacer cualquier cosa que sepamos ordenarle. Puede desarrollar análisis cualesquiera de relaciones o verdades analíticas”. Un siglo más tarde esta aserción seria calificada como la “objeción de Lady Lovelace” por el propio Alan Turing.

Alan Turing fue aquel tardíamente reconocido matemático, lógico, criptógrafo, científico, filósofo y maratonista británico. Padre de la ciencia de la computación y precursor de la informática moderna. Se han escrito cientos de páginas sobre él, pero pocas acerca de lo fácil que es desvanecer de la memoria colectiva al hombre que “fracasa” (¡Que viva el fracaso!). El nombre de Turing se ha vuelto a celebrar mundialmente luego de que todos hayamos visto El Código Enigma. The Imitation Game, aquella maravillosa película con actuaciones fantásticas que tal vez, debe ser cuestionada respecto de la descripción de ciertas pretendidas características personales que se imputan al protagonista. Curioso que hayamos debido esperar a la ficción sobre la vida de Turing para objetarla y recuperar a partir de la crítica una descripción mucho más humanizada de la persona que resistió en las fronteras de la salud mental aún frente a los ataques de la terapia hormonal a la que fue sometido, sin volverse loco. Contrario al relato de la película, Turing superó el tratamiento, obteniendo avances en sus investigaciones de biología matemática, tenía poco de “inhumano”, poseía un gran sentido del humor, no manifestaba comportamientos sistemáticos de tiranización en su equipo, ni dejó morir al hermano de nadie…

La carrera de Turing tuvo su fin inmediato después de haber sido socialmente condenado por homosexualidad. Dos años más tarde se suicidó, según reza la versión oficial. Como Lady Lovelace, dueño de una personalidad artística, impuso su liderazgo en las ciencias. Las ramificaciones de sus contribuciones continúan inspirando a científicos y artistas contemporáneos y es esperable que su influencia se prolongue indefinidamente en el tiempo, continuamente debatida en un mundo fascinado por las potencialidades de la inteligencia artificial.

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