Desafíos
¿Cuáles son los desafíos del liderazgo en las empresas? Hoy y mañana. ¿Qué líderes necesitamos? En estas páginas encontrarás el puntapié inicial de nuestra propuesta y una reseña bibliográfica para alimentar la reflexión. “Desafíos” fue la idea de un newsletter primero, la de un blog después y finalmente la de una mesa de debate. Hoy esperamos que sea todo eso junto.

locura

01/08/17 Reflexiones , Reseñas # ,

La sociedad del cansancio

La sociedad del cansancio

En las últimas ediciones hemos intentado reflexionar sobre dos condicionantes del comportamiento humano: por un lado, el impacto de las nuevas tecnologías, en particular internet; por otro, la definición de un sistema estructurado a partir de la posibilidad de la mirada permanente del otro: el panóptico.

Byung- Chul Han nos permite contemplar estas dos ideas y darles consistencia bajo la lógica de una explicación más amplia.

Según el filósofo coreano, así como el Panóptico había definido un patrón de comportamientos esperados en la Era Industrial, el hombre de la Posmodernidad ha abandonado el temor provocado por la amenaza de la mirada disciplinaria de un tercero, sustituyéndolo por una noción aún más eficiente y exigente: la permanente demanda de rendimiento. Si las cárceles, las fábricas y la escuela se habían erigido como “instituciones panópticas”, son las torres corporativas y los gimnasios las nuevas instituciones de rendimiento del siglo XXI. Allí la supervivencia solo se alcanza a base de hiper-exigencia y exceso de positividad. Vacío de negatividad, de “no poder”, el superhombre Posmoderno que “todo-lo-puede” exige su propio rendimiento hasta llevarlo al límite de lo posible y aún más allá. Eso le provoca dos efectos simultáneos;

  • El primero por supuesto, es el cansancio, el agotamiento que se produce cuando no hay posibilidad primaria de aburrirse sino carrera desesperada por llenar cada espacio que se adivina quedará incompleto. El aburrimiento crea la condición de posibilidad de la originalidad, en cambio, la huida del aburrimiento, solo reproduce el status quo.
  • El segundo efecto es la depresión. La mirada no solo disciplina. Antes que eso, ella constituye al observado como persona erótica. El impulso vital es Eros, al Eros sigue el Logos. Sin intención erótica no hay como jugar y entonces no hay oportunidad de ser. Sin aquel que mira no hay Eros. Al no participar del Eros ni del Logos, el hombre Posmoderno queda marginado de todo intento de mutuo reconocimiento y se hunde en la depresión. Por eso las enfermedades contemporáneas no son infectológicas sino neurológicas, se trata del hombre buscando ser visto para redimirse de su propio agotamiento autoimpuesto. Justamente es en la “vida on line” donde más se fomenta esta despersonalización de la mirada, donde cada individuo pierde registro del reconocimiento de un tercero y solo es visto por sí mismo.

Mientras completaba la lectura, escuchaba una propaganda en la radio: «Familia, Deporte, Trabajo, Deporte, Trabajo, Familia, Trabajo, Deporte, Familia…. No podes más? Tomá vitaminas Aurelio. Vitaminas Aurelio. Para alcanzar tu máximo potencial.»

Notable como la sociedad del rendimiento bajo la pretensión de liberarnos promueve el encarcelamiento en nuestra propia lógica de máxima performance, a la par que ofrece para ello energía en pastillas… ¿Y la libertad? ¿Y la elección? ¿Y la vocación?

En la próxima entrega, seleccionamos a modo de Resumen algunos pasajes de “La Sociedad del Cansancio”, directamente de la pluma del autor.

07/10/15 Reflexiones # ,

La locura es la regla y la cordura la excepción

Mi nombre es Luis Alberto y soy un convencido de que “la locura no es la pérdida de la razón” como vulgarmente se cree. Esto mismo decía el loco de Plaza Las Heras el día que lo vi por primera vez. Subido a un banco de madera, actuaba un discurso como si fuese un dirigente argentino del año 1954.

Las 12 hectáreas de la verde barranca que conforman el parque público ubicado en Palermo, fueron suelo de la Penitenciaría Nacional, hasta 1960. Para dicha década, el choque urbano era fuerte si se piensa en una cárcel en medio de un naciente barrio rico y elegante, razón por la que el edificio fue demolido.

“La Peni” (nombre popular) era una barriada, construida en 1870 según los planos del arquitecto Ernesto Bunge, bajo el modelo panóptico de Michel Foucault, donde vivían ex convictos y marginales varios y donde también se produjeron las famosas ejecuciones de presos “anarquistas peronistas” a cargo de las presidencias de facto.

Se dice que lo único que se conserva de ese entonces son las palmeras que se ven desde lejos. Pero no pienso lo mismo desde que conocí a este loco, que ante la ausencia de un nombre original he bautizado Roberto, en honor a Pettinato padre, el director mas “disparatado” que tuvo este penal.

Retomando el miedo (que hay entre nosotros y la libertad) a los estados poco habituales de la mente, definido por los budistas y mencionado anteriormente en Nachmanovitch, debo decir que en realidad, cada zona tiene un loco propio que se mimetiza con las características del barrio. Por ejemplo Beba, la loca de Palermo Hollywood, es una loca bien alimentada, come tantas veces al día como a bares se anima a entrar. El loco de Recoleta lleva tantas bolsas atadas al cuerpo, como vestidos tienen las señoras que caminan por Arenales y Libertad. Nuestro Roberto, es un loquito “cool”, es recoleto y palermitano. Su pelo es castaño claro y su contextura física es casi perfecta, viste una bermuda de jean bien canchera, unas gafas de moda y siempre está bronceado. Roberto sólo aparece en primavera y verano. Jamás se lo ve en otra estación. ¿Dónde irá durante el otoño y el invierno? Los vecinos de la plaza dicen que se va a preparar nuevos discursos a su casa, cuya dirección es un secreto absoluto.

“Yo que no estoy sino que soy loco, soy un alienado, me causan gracia los payasos que se creen democráticos, pero se oponen, como cualquier dictador, bueno o malo, a que los locos participen del gobierno…”, continuaba Roberto cuando lo conocí, una mañana que me escapé del trabajo a leer al aire libre. No hubo caso en concentrarme, porque él capturó toda mi atención. Sus movimientos, las manos arriba y abajo como director de orquesta, mirando hacia los lados de manera ceremoniosa. Se subía y se bajaba de los bancos, de la calesita que da a Juncal, iba de un lado a otro y cada tanto se sentaba en el pasto. Todo el tiempo simulaba que fumaba cigarrillos que pedía a los caminantes, hablaba y daba peroratas que no pude entender del todo pero todavía resuenan en mi cabeza.

“Yo prefiero ser loco a ser cuerdo. Nunca he pretendido serlo porque no soy un delincuente…”, decía. Un loco lindo.

La secretaria de la Iglesia de Loretto, la de Coronel Días y Juncal, que da la espalda a las canchitas de fútbol, asegura que el loco en realidad permanece todo el año en la plaza. “El perímetro del parque es su propia cárcel”, expresaba la señora ante mi pregunta. “No se sabe donde, pero el loco está ahí”.

La locura está siempre y en todos lados. Roberto me recordó a Artaud, un poeta admirable. Para este autor, la locura representaba una denuncia a la injusticia que reina en la sociedad. Decía que los locos son encerrados en psiquiátricos, en cárceles, para reprimir sus mentes iluminadas. Sostenía, que a los cuerdos les hace falta un poco mas de chifladura.  Y en eso, señores, yo estoy de acuerdo.

07/10/15 Reflexiones # ,
Desafios de la construccin