Desafíos
¿Cuáles son los desafíos del liderazgo en las empresas? Hoy y mañana. ¿Qué líderes necesitamos? En estas páginas encontrarás el puntapié inicial de nuestra propuesta y una reseña bibliográfica para alimentar la reflexión. “Desafíos” fue la idea de un newsletter primero, la de un blog después y finalmente la de una mesa de debate. Hoy esperamos que sea todo eso junto.

globalización

04/07/17 Reflexiones # , ,

La muerte del Pan-Optico

La muerte del Pan-Optico

Jeremy Bentham nació en Londres en 1748. Fue filósofo, economista, pensador y escritor, en una época cuando la relativamente escasa especialización del conocimiento permitía oficiar con eficiencia en todas estas áreas del saber. Se lo considera el «Padre» del utilitarismo, una doctrina que promueve las razones de la existencia en el «goce de la vida» en lugar del sufrimiento.

Pero en esta oportunidad nos ocupa de Bentham la atención que dedicó a la reforma penitenciaria, elaborando por encargo de Jorge III un modelo de cárcel  al que denominó “el Panopticon”. En la cárcel de Jeremy se vigilaba todo desde un punto, sin ser visto. Bastaría una mirada que vigile, y cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, terminaría por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo. Bentham llegó a darse cuenta de que «el panóptico» sería una gran invención no sólo para la institución carcelaria, sino también y particularmente para las fábricas. En rigor, de alguna forma u otra todas las cárceles, escuelas y fábricas a partir de aquella época se construyeron con este modelo de vigilancia, el cual fuera brillantemente analizado por Michel Foucault en “Vigilar y castigar”, quien supo extrapolar su efecto a toda forma de relación entre los estados modernos y sus ciudadanos.

“El mayor efecto del panóptico es que induce al preso a un estado de conciencia y visibilidad permanente que asegura el funcionamiento automático del poder. El orden que configura la vigilancia es permanente en sus efectos, aun cuando no lo es en sus acciones; esa perfección del poder hace tender a que su propio ejercicio sea innecesario.” describe Foucault. Su idea es que la sociedad y sus dispositivos de control operan bajo esta forma de la función disciplinaria que surgió en plena revolución industrial para controlar al nuevo sujeto social: las masas obreras. Para quienes estudiamos sociología a fines del siglo pasado, la carrera fue básicamente una colección de ideas foucaltianas organizadas alrededor del Panóptico y su influencia en el comportamiento y la anatomía de los individuos. Pero, si asumimos que estamos en una era post industrial, próximos a las Singularidad de la Inteligencia Artificial, ¿puede revisarse si ha mutado el modelo de vigilancia social? Continuar leyendo

30/05/17 Reseñas # , ,

Cinco cosas que pasan en nuestro cerebro cuando navegamos por internet

Resumen de artículo publicado en BBC Mundo  – Tecnología- 9 mayo 2017

Cuando entramos en el ciberespacio, no siempre somos conscientes de que nos adentramos en un mundo virtual donde el tiempo pasa más deprisa. Allí pensamos y nos comportamos de manera muy distinta a como lo hacemos en el mundo real. La ciberpsicóloga forense Mary Aiken lo describe como un «mundo hiperconectado» en el que «todo se amplifica» (lo bueno, como el altruismo, y lo malo, como la delincuencia) y nos volvemos mucho más vulnerables. «La tecnología se ha infiltrado en cada uno de los aspectos de nuestra vida. Nuestros instintos nos fallan cuando entramos en el ciberespacio», escribe Aiken en su libro The Cyber Effect (2016), en el que habla del comportamiento humano en internet. «Estamos viviendo un momento histórico muy emocionante en el cual están cambiando muchos aspectos de la vida en la Tierra. Pero lo nuevo no siempre es bueno y tecnología no es sinónimo de progreso», dice la psicóloga, cuyo trabajo en el FBI e Interpol inspiró la serie televisiva CSI Cyber. Estos son algunos de los efectos que se han observado.

  1. «Puedo ser quien quiera ser» (desinhibición online): En internet nos ponemos el traje de superhéroes y nos desinhibimos, alentados por la sensación de anonimato. «Este efecto es muy interesante porque hace que la gente haga cosas en el mundo cibernético que no haría en el mudo real», le contó Aiken a la BBC. Los seres humanos somos menos amables en internet que en persona y más proclives a ofender a los demás.
  2. «No me conoces» (anonimato disociativo): ¿Conoces realmente a las personas con las que interactúas en internet? La mayoría de las personas en internet no saben quién eres. Cuando tenemos la posibilidad de separar nuestras acciones del mundo real y de nuestra identidad, nos sentimos menos vulnerables a la hora de abrirnos a los demás. Y este efecto tiene como consecuencia otros efectos, como el de la agrupación online. «En un estado mental menos inhibido, las personas con ideas afines se encuentran más fácilmente», explica Aiken.
  3. «No puedes verme» (invisibilidad): Internet nos otorga el poder de la invisibilidad, por eso somos más abiertos a la hora de compartir nuestras cosas con los demás. La oportunidad de ser invisible amplifica el efecto desinhibidor. No tienes que preocuparte sobre cómo te ves o cómo suenas cuando dices (tecleas) algo y puedes evitar el contacto visual. Otra de las consecuencias de esta invisibilidad es lo que Aiken llama «cibersocialización», una forma acelerada de socialización potenciada por las redes sociales y la manera en que nos comunicamos en internet. Y también la minimización de la autoridad.
  4. «¿Cuánto tiempo ha pasado?» (Distorsión del tiempo): «Haz esto la próxima vez que te conectes a internet: desconecta el reloj de tu pantalla y, de vez en cuando, ponte a prueba para ver si eres capaz de calcular con acierto el paso del tiempo», sugiere Aiken. ¿Cuánto tiempo necesitamos dejar de usar el teléfono y las redes sociales para que una desintoxicación digital sea efectiva? La razón es que internet modifica nuestro proceso de atención. A esta distorsión del tiempo habría que sumar el asincronismo del universo virtual: la interacción en internet no ocurre en tiempo real, y no tener que tratar con reacciones inmediatas hace que nos relajemos.
  5. «Es sólo un juego» (imaginación disociativa): En internet nos sentimos como personajes imaginarios que «creamos» y que existen en un espacio diferente, la dimensión digital. Es un mundo soñado, fuera de las responsabilidades del mundo real. Separamos o disociamos la ficción online de los hechos offline. Una vez que apagamos la computadora y volvemos a la rutina del día a día, creemos que se puede dejar atrás la identidad en el juego. ¿Por qué deberíamos sentirnos responsables de lo que ocurre en ese mundo de ficción que no tiene nada que ver con la realidad?
18/04/17 Relatos # , , ,

La Meta ll

La mirada se me ha quedado clavada en la lata de cerveza que tengo en la mano. Mientras bebo, observo el suave acabado del aluminio. Es verdaderamente impresionante pensar que esta lata era hasta hace poco una roca bajo el subsuelo y que, gracias a la tecnología desarrollada por la producción en cadena, se ha convertido en algo tan liviano y maleable, tan fácil de utilizar una y otra vez… ¡Sorprendente! ¡Un momento!, creo que lo tengo. Tecnología. Eso es lo que cuenta. Tenemos que mantenernos al frente del desarrollo tecnológico. Eso es esencial… ¡Es la meta! Pero… pensándolo mejor… no es exacto. Si la tecnología es la meta, ¿cómo es que los puestos de mayor responsabilidad en una compañía industrial no son los de Investigación y Desarrollo? ¿Por qué siempre aparece este departamento en la periferia de los organigramas de las Compañías? Aunque tuviésemos el último grito en toda clase de máquinas que pudiéramos usar, es evidente que eso no solucionaría el problema.

La tecnología es importante, pero no es nuestra meta. Entonces, ¿será una combinación de calidad, eficiencia y tecnología? Pero así lo que resulta es un montón de metas importantes y eso no encaja mucho con lo que Jonah me dijo.

Sigo confuso. Miro colina abajo; frente a la gran caja metálica que es la fábrica hay otra más pequeña de vidrio, donde están las oficinas. Mi despacho está en la esquina izquierda de la fachada. Casi me parece ver a mi secretaria llevando montones de esos pequeños pedazos de papel donde se apuntan las llamadas telefónicas. Bueno. Levanto la lata de cerveza para echar el último trago y es entonces, con la cabeza echada hacia atrás, cuando los veo.

Más allá de la fábrica hay dos edificios, largos y estrechos. Son los almacenes. Están abarrotados con piezas de recambio y mercancía sin vender, de la que no hemos podido deshacernos. Un stock de veinte millones de dólares en productos acabados. Productos de calidad, hechos con las más modernas de las técnicas y producidos eficientemente. Todos ellos descansan en sus envases, sellados con sus respectivos plásticos en los que se ha introducido sus tarjetas de garantía e – incluso – un trocito de aire de la fábrica. Perfectamente estibados, a la espera de quien los compre. ¡Ahí están, muertos de risa! Continuar leyendo

07/03/17 Reseñas # , , ,

Identidades instantáneas y descartables

Resumen del articulo © Zygmunt Bauman. Traducción: Andrés Kusminsky

Los más jóvenes han ingresado a un tipo de sociedad en que la gran mayoría experimenta una condición que antes correspondía solamente a las ‘clases medias’: ellos no se encuentran ante una escasez, sino más bien un exceso de modos de vida entre los que optar, y contemplan los enormes riesgos que conlleva elegir uno de ellos, a expensas de los demás, igualmente atractivos en potencia: los riesgos de tropezar, resbalarse… y caer. Las ansiedades e inquietudes que afligen actualmente a los jóvenes provienen, por un lado, de la aparente abundancia de posibilidades, y por otro, del miedo a tomar una mala decisión.

A diferencia de sus padres y abuelos, criados en la etapa ‘sólida’ de la modernidad, ahora no hay códigos de conducta que puedan enmarcar decisiones recomendadas, y guiar a los que deciden a lo largo de un itinerario simple, una vez que la decisión ha sido tomada. La idea de que dar un paso podría (simplemente podría) ser un error, y de que luego podría (simplemente podría) ser demasiado tarde para contrarrestar las pérdidas que causó, por no mencionar la imposibilidad de revocar esa decisión desgraciada, no dejará de atormentarlos. De ahí, el rechazo hacia todo lo que corresponde al ‘largo plazo’: ya sea proyectar la propia vida, o los compromisos hacia otros seres vivos.

Ante la ausencia de valores durables, acreditados e irrefutables, la evaluación de alternativas sólo puede obedecer el esquema de los bienes comerciales: el modelo de identidad escogida debe ser ‘puesto en venta’ para ‘encontrar su valor’. Una mercancía no tiene valor a menos que haya consumidores, y el valor que tiene, o el que puede adquirir, se mide por el número y la intensidad de su dedicación. El castigo que corresponde al fracaso de encontrar/crear consumidores para la identidad diseñada y empleada es la exclusión: el equivalente social a un tacho de basura. Continuar leyendo

07/03/17 Reseñas # , , ,
29/11/16 Reflexiones # , ,

Las raíces de la desigualdad mundial

Semanas atrás presentamos un resumen acerca del Origen de las Instituciones Inclusivas, basado en el libro “Why nations fail”. La tesis de los autores (Acemoglu y Robinson) es que la aparición de “instituciones políticas y económicas inclusivas” posibilitaron la revolución industrial y luego permitieron a determinados países beneficiarse de ella y embarcarse en el camino del crecimiento, mientras que otros países solo desarrollaron “instituciones extractivas”, que terminaron negando rotundamente el inicio de la industrialización. Esta dinámica determinó finalmente cuales países iban a aprovechar las oportunidades que surgieron a partir del siglo XIX y cuáles no. Las raíces de la desigualdad mundial que observamos hoy en día pueden encontrarse en esta divergencia. Salvo contadas excepciones, los países ricos actuales son aquellos que se embarcaron en el proceso de industrialización y cambio tecnológico que empezó en el siglo XIX, y los pobres, los que no lo hicieron.

Inglaterra en primera instancia y luego Estados Unidos, que experimentó una transformación similar, ya habían desarrollado su propio tipo de instituciones políticas y económicas inclusivas a finales del siglo XVIII. Ellas se convertirían en las primeras naciones que explotarían las nuevas tecnologías. Australia, como se analizó en el resumen mencionado, siguió un camino similar hacia instituciones que no bloquearon las nuevas tecnologías ni la innovación, aunque fuera algo más tarde y su desarrollo pasara más desapercibido. Continuar leyendo

22/09/16 Reflexiones # ,

Culpa Social

Desde antes de que existiera todo, estaba Dios. Y un día Dios decidió emprender. Y tan mal no le fue, porque en siete días creó el mar y las montañas y todos los seres vivos que conocemos. Pero después se fue a descansar y dejó a la segunda generación a cargo, criada a su imagen y semejanza. Y ahí la cosa se puso fea.

Eva bajó la manzana del «árbol prohibido», se la ofreció a Adan que la probó y entonces nació el sentimiento de responsabilidad social, que sería algo así como aquello que hacen los empresarios para reparar el daño del pecado original en el que incurren con sus negocios. ¿Será porque en el fondo saben que Dios los perdona?

Recuerdo que mi primer jefe, hace 20 años, cuando casi no se hablaba de estos temas (no me refiero al protoevangelio sino a la responsabilidad social), hacia una distinción entre dos roles posibles sobre los cuales debíamos optar como «managers o administradores». El primero era ser «socialmente culpables» y el segundo ser «socialmente responsables». Lo primero era alocar algo del gasto de nuestros emprendimientos a las comunidades donde operábamos. Lo segundo, cumplir con el mandato de los accionistas y ganar la mayor cantidad posible de dinero. ¿Cómo? ¿En qué sentido es más «responsable» ganar dinero para el accionista que apoyar iniciativas de la comunidad? ¿Por qué lo segundo implicaría directa expiación de culpas en lugar de cumplir con nuestra responsabilidad profesional?

En 1984 un teórico de Darden School, llamado Robert Edward Freeman, creaba el concepto de «stakeholder» para modelizar el funcionamiento de la empresa como «campo de fuerzas». La empresa no es, bajo esta mirada, la creación del dueño del capital, sino un espacio simbólico en el que se juegan intereses permanentes y contrapuestos de múltiples actores, los «stakeholders». Cada actor se encuentra preso de dos pulsiones: ceder la reivindicación que pretende para sí, con el objetivo de que el campo social permanezca cohesionado, vs extraer la reivindicación propia, bajo riesgo de desintegrarlo.

El empleado quiere más sueldo, pero debe setear su pedido en un nivel tal que lo deje razonablemente insatisfecho, para que la empresa sobreviva. El accionista quiere más ganancia, pero debe resignar algo de su pretensión (sea por la vía de la inversión o la del gasto) para promover la continuidad del emprendimiento. Y así el resto de los stakeholders, la comunidad, el estado, los clientes, los proveedores, los sindicatos, la sociedad en su conjunto, etc, etc. No queda otra. Cada uno de los participantes de la empresa debe mantener en equilibrio dinámico la tensión entre la supervivencia en el largo plazo y el deseo de reivindicación inminente.

En este sentido, decía mi jefe que un «manager socialmente responsable» es aquel que cumple con el rol de arbitraje en el campo social: Trabajo para los empleados, desarrollo para la comunidad, ganancia para el accionista, producto de calidad para el cliente, pago oportuno a los proveedores… ¡Y más nada! Una empresa socialmente responsable es la que satisface estas demandas de equilibrio, que no son otra cosa que su objetivo primigenio, su función económica básica, la reproducción de la sociedad a través de la ganancia económica que proviene de la producción, el mandato del Dios de la creación…

No está mal. Pero siempre tuve la sensación de que a la exposición bíblica de mi jefe le faltaba algo. Y el otro día creo haberlo encontrado por casualidad. Fue escuchando a un director de Avina anunciar los datos de inversión privada en desarrollo comunitario durante los últimos 36 meses. La cifra: 430.000 millones de dólares. O sea, ¡la inversión privada en «culpa social» equivale al producto bruto danés o sudafricano! ¡Un país entero de los cerca de 190 que tiene el mundo y no precisamente de los de menor PBI ya que estamos hablando de un producto de ochenta percentil a nivel nominal!

El expositor remató: «más que la alocación directa de inversión privada en las  comunidades, el principal driver para el desarrollo seria prestar particular atención a cómo las empresas realizan sus negocios. En un mundo en el cual la actividad productiva sea realizada antes que nada con un enfoque sustentable, la inversión directa en desarrollo debería dejar de existir».

Contundente. Mi jefe tenía razón. Cumplir con la finalidad económica de la empresa es nuestra verdadera responsabilidad social en tanto administradores de ella. Pero la palabra clave no es QUÉ, sino CÓMO.

22/09/16 Reflexiones # ,
12/09/16 Reseñas # , ,

El origen de las instituciones inclusivas

El origen de las instituciones inclusivas

Algunas semanas atrás comentamos acerca del libro de investigación de Daron Acemoglu, economista turco del MIT, y el politólogo británico James Robinson de Harvard. “Why Nations Fail: The Origins of Power, Prosperity, and Poverty” postula que el nivel de madurez de las instituciones políticas y económicas de un país permite explicar las diferencias en los niveles de desarrollo de las naciones. En este resumen del capítulo 10 se expone un caso particular donde el diseño de “instituciones inclusivas” permitió acelerar el desarrollo económico de un país: Australia.

“En el siglo XVIII (…) Gran Bretaña tenía una solución muy sencilla para tratar a los delincuentes: alejarlos de su vista (…). Transportaron a muchos de los delincuentes a colonias (…) Después de 1783, tras la independencia, Estados Unidos dejo de recibir con los brazos abiertos a los convictos británicos y las autoridades tuvieron que encontrarles otro hogar. (…) La siguiente opción fue Australia.

Su costa este había sido explorada por el capitán James Cook, un gran navegante. El 29 deAbril de 1770, Cook llego a una bahía maravillosa, que llamo Bahía Botánica. Los oficiales del gobierno británico lo consideraron un enclave ideal (…). Continuar leyendo

06/09/16 Reflexiones # , , ,

El psico poder de las organizaciones

La forma de organizar el trabajo tiene un impacto fundamental en el diseño de la mente, tanto que casi podría decirse que la modela a su imagen y semejanza. Raro que este pensamiento haya surgido de la reiteración de escenas olímpicas, pero es la pura verdad. Ocurre que estos últimos días viví a base de inyecciones televisivas de básquet, tenis, judo, arquería, remo, canotaje slalom y levantamiento de pesas, entre otras tantas maravillas. Pero así como la elección de una disciplina deportiva modela diferencialmente el cuerpo del atleta dedicado a su práctica (¿huelga hacer notar que un luchador de sumo tendrá dificultades a la hora de realizar una rutina de nado sincronizado?), pienso que la selección de un modelo organizacional u otro define un horizonte posible de expectativas, emociones y vínculos entre sus participantes.

De tal modo, la «organización taylorista» de principios del siglo XIX, en los albores de la industrialización y contra el modelo de producción artesanal, propuso una «configuración mental» basada en la despersonalización. Fue producto de una excesiva división de las tareas, una separación extrema del trabajo versus sus medios de producción y una búsqueda de la productividad a cualquier costo, donde la inclusión a la vida laboral implicaba la posibilidad cierta de, enajenación marxista mediante, perder la vida.

La «empresa internacional enfocada en procesos», configuró un psiquismo bien distinto adornado por retribuciones monetarias y simbólicas que produjeron un tipo inédito de «enajenación», donde el «éxito profesional» pagó el costo de la falta de sentido. La norma de la burocracia profesional fue la estandarización de procedimientos, con el objetivo de garantizar uniformidad de experiencias para los diversos públicos. Se desarrollaron los sistemas de control de calidad y se «humanizaron» las condiciones de trabajo. Nuevas patologías en torno a la ansiedad y el estrés tomaron el centro de la escena, a medida que las «corporaciones» del marketing y los servicios cooptaron los modos de producción y los sistemas de generación de la renta planetaria. Algunas de esas patologías hasta pudieron ser “legitimadas” como estrictas competencias de gestión, cual promesa o garantía de prosperidad y avance vertical en la cadena de mando. Floreció la expectativa de poder realizar una carrera ascendente de largo plazo, siempre y cuando se mantuviera fidelidad a una empresa.

Actualmente nos encontramos transitando un verdadero cambio de paradigma en lo relativo a la organización del trabajo. Vivimos en un mundo intenso en el cual constantemente se están reinventando las reglas de juego. No recuerdo si fue en Twitter o en uno de los incontables grupos de whatsapp en los que transcurre mi comunicación cotidiana. Pero días atrás recibí una reveladora infografía. No se hacía referencia al autor. Mas el carácter “no – privado”, condición de la hiperconectividad tecnológica, me anima aquí a reproducir el contenido, sin siquiera conocer la fuente. Rezaba la gráfica: “la empresa más grande de Real estate no tiene propiedades (AirB&B), el líder mundial de transporte no tiene vehículos (Uber) y la  comercializadora global más importante no tiene stocks (Ali Baba)!” Irrefutable. ¿Hacia cual configuración de nuestro psiquismo nos hace avanzar este modo de organización? En principio, cuestiones como el asociativismo y la colaboración creativa parecen ser de los pocos antídotos a mano ante este nuevo escenario.

En la “Historia de la Sexualidad” ya analizaba Foucault que el poder de los Estados Modernos se constituye en «biopoder», a tal punto que “subyuga” la propia anatomía de los participantes, como si fuera una nueva disciplina deportiva cuya práctica ha irrumpido, controlando y modelando nuevos cuerpos. Idéntico poder ejercen los modos de organización, olimpiada cotidiana del trabajo, pero se trata de un «psico poder», que configura, silente, nuestro mentes, y con ella nuestro umbral de emociones, vínculos y expectativas.

18/07/16 Reflexiones # ,

The Millionaire next door

The Millionaire next door

Escondido bajo un nombre digno del magazine vespertino que condujera Polino o el reality show nocturno que capitaneara Mariano Peluffo, Tomas Stanley & William Dancko, profesores de negocios de la Universidad de Albany, supieron realizar una de las más reveladoras investigaciones relativas a la acumulación de riqueza en los Estados Unidos.

“The Millionaire Next Door”, tal el nombre del trabajo, fue publicado por Longstreet Press en 1997.

La investigación recopila los resultados de una encuesta conducida por los autores y administrada a más de mil personas entre Mayo de 1995 y Enero de 1996. El cuestionario, de 250 preguntas, estaba dirigido a recoger información sobre actitudes y comportamientos referidos al patrimonio, la inversión y el gasto. Continuar leyendo

04/07/16 Reflexiones # , , , ,

El trapecista

Un buen amigo ingeniero me acerco hace unos días un artículo sobre los efectos de la inversión extranjera directa en los países en vías de desarrollo. Desarrollaba la tesis de que los fondos estacionados en deuda soberana del «tercer mundo»  no provocan una reactivación de las economías locales. Asumiendo que existe un excedente de liquidez en el mundo a falta de activos financieros sólidos y ante la evidencia de que los activos reales del planeta no alcanzan para contener la oferta, el autor no observaba dificultades para el acceso al crédito internacional por parte de las economías emergentes. Sí veía, en cambio, un problema del lado de la aplicación de los fondos. Su posición: en lugar de financiar la inversión, terminaban siendo usados en la especulación financiera, los altos sueldos ejecutivos o la corrupción.

Líneas arriba se preguntaba cuál era el origen del exceso de liquidez planetario, y como respuesta ofrecía la cada vez más agudizada brecha en la distribución del ingreso, además de las políticas monetarias expansivas de la Reserva Federal. Las personas contenidas en el primer percentil mundial generan anualmente 4 billones de dólares más que hace 10 años.

Parece haber de principio a fin un elemento común en todo el argumento, ¿no? Me refiero a la necesidad de refundar un liderazgo basado en compromisos morales. El problema de la incorrecta aplicación de fondos estacionados en activos de alto riesgo no existiría sin un brutal exceso de liquidez, lo que podría conseguirse con una mejor distribución de la riqueza o con un derrame del percentil más alto dirigido al desarrollo humano. Más aun, la mala aplicación de aquellos fondos que habrían de dedicarse a inversión extranjera directa por parte de los países receptores, sólo provoca mayor inequidad en la distribución, lo que genera mayor liquidez y entonces mayor propensión a activos volátiles.

Hace un tiempo ofrecimos en este mismo espacio algunas reflexiones sobre las ideas del sociólogo polaco Zygmunt Bauman. Para él, nuestra actualidad transcurre en un «interregno». Esto es, un periodo de la historia en que las viejas reglas del juego han sido abandonadas, sin ser inventadas aún las de la próxima era. Así se genera un momento de “anomia”, como ese segundo en el que el trapecista ha soltado el agarre anterior y se suspende en el aire, a la espera del próximo que aún no ha llegado.

Este interregno, para Bauman, surge de la diferencia dramática entre las curvas de evolución de los recursos mundiales por un lado (la tecnología, el dinero, los bienes y servicios) y evolución de las técnicas y herramientas para administrarlos. Entre estos últimos, cuéntense principalmente las que devienen de las disciplinas del comportamiento, como el management, la política, la psicología o bien la especie que contiene todos los géneros: la moral.

Difícil que haya salida hasta que las experiencias no decanten en un patrón de comportamiento moral. Un verdadero sistema axiológico que oriente el uso de los recursos mundiales, que cada vez son más y cada vez se usan peor. Mientras tanto, cada uno a mirar su metro cuadrado, ese espacio de influencia en el que transcurre la vida y donde cada cual puede contribuir a acercar las normas de la nueva era, o alejarse del agarre del próximo trapecio, de una vez y para siempre.

04/07/16 Reflexiones # , , , ,
Desafios de la construccin