Desafíos
¿Cuáles son los desafíos del liderazgo en las empresas? Hoy y mañana. ¿Qué líderes necesitamos? En estas páginas encontrarás el puntapié inicial de nuestra propuesta y una reseña bibliográfica para alimentar la reflexión. “Desafíos” fue la idea de un newsletter primero, la de un blog después y finalmente la de una mesa de debate. Hoy esperamos que sea todo eso junto.
18/07/17 Reseñas

La sanción post panóptica II

Resumen de “Hacia una economía post-fordista del castigo: la nueva penología como estrategia de control post-disciplinario”- Alessandro de Giorgi – Universidad de San José (Estados Unidos)

 

A primera vista, parecería que cada uno de estos “escenarios de control social” manifiesta la prominencia de un tipo de prácticas en particular.

Así, la prisión y los centros de detención de inmigrantes ofrecerían ejemplos claros de reclusión masiva; el territorio urbano representaría el campo de nuevas prácticas de vigilancia generalizada; y la Internet sería considerada como una esfera pública cada vez más afectada por estrategias de privatización y limitación de acceso.

Sin embargo, el punto de vista que aquí se propone es diferente: estos sitios parecen ser paradigmáticos de las actuales transformaciones del control social, pero las tres tecnologías mencionadas caracterizan, en cierto sentido, a todos ellos simultáneamente.

Sólo para ofrecer algunos ejemplos:

  • La tarea de recluir a los “residuos sociales” producidos por la economía neoliberal y por la reducción del Estado de Bienestar, es realizada por la prisión y por los centros de detención de inmigrantes así como por los guetos urbanos.
  • En el mismo sentido, el proyecto de excluir sistemáticamente a ciertas categorías de personas (definidas, como veremos, por su perfil actuarial), caracteriza a las ciudades post-modernas (en las que los pobres, los “sin techo” y los nuevos “extraños” son mantenidos fuera de muchos espacios públicos y privatizados) así como a las prisiones post-disciplinarias.
  • Asimismo, el acceso selectivo encontrará sus principales ejemplos en el territorio urbano, con la difusión de “zonas prohibidas” y de “comunidades cercadas”, pero la misma lógica inspira algunas nuevas políticas para el control de la información (y particularmente de la información electrónica), basadas en la imposición de límites al acceso. Y lo mismo ocurre con la vigilancia generalizada.

El renovado rol del encarcelamiento –y de otras prácticas relacionadas a la reclusión, como la detención de extranjeros indocumentados en los centros de detención de inmigrantes– es un tema de alcance mundial y no solo una práctica común en los Estados Unidos. Sirve como instrumento para el control de las enormes contradicciones sociales producidas por la transición a un orden neoliberal, y puede ser contemplado también en muchos países europeos, cuyas “diversas” poblaciones detenidas están incrementándose.

11/07/17 Reseñas # ,

La sanción post panóptica I

Resumen de “Hacia una economía post-fordista del castigo: la nueva penología como estrategia de control post-disciplinario”- Alessandro de Giorgi – Universidad de San José (Estados Unidos)

 

“El sistema económico que los criminólogos estudiaron y relacionaron con las políticas penales estaba basado en el modelo fordista de producción: un sistema caracterizado por industrias de producción masiva, asistencia social extendida, desempleo reducido y bajos niveles de flexibilidad laboral.

En este sentido, los treinta años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial estuvieron caracterizados por una coherencia intrínseca entre prácticas penales y políticas socio-económicas. La prisión correccional y la fábrica taylorista, la filosofía de la reinserción y el desarrollo de la asistencia social, baja tasa de encarcelamiento y bajo desempleo: todas estas características encuentran cierta coherencia dentro de un modelo inclusivo de ciudadanía social basada en el trabajo asalariado.

En los últimos treinta años, hemos sido testigos del proceso de transformación de las economías occidentales, caracterizado por el ocaso del modelo industrial (fordista) y por la emergencia de nuevas relaciones de producción.

Cada vez menos personas trabajan estable y sólidamente, y más están formalmente “desocupadas”o bien prisioneras de la “economía informal”. Al mismo tiempo, asistimos a un incremento constante del número de actividades (tradicionalmente fuera-del-mercado) que están ahora cada vez más mercantilizadas.

El control penal funcionó en el modelo fordista como una máquina disciplinaria cuyo objetivo era vencer la resistencia de la fuerza de trabajo, cubrir sus déficits, imponer su cooperación con el sistema de producción,y promover el auto-control.

Los dispositivos de poder y control disciplinarios necesitaban ser activados productivamente porque había una improductividad social difundida, una dispersión latente de recursos y una falta de cooperación productiva. Aquí, las relaciones capitalistas de producción necesitaban producir la fuerza de trabajo, prepararla para la cooperación para la que parecía inapropiada, descalificada, insuficientemente socializada y a menudo explícitamente reacia. Continuar leyendo

04/07/17 Reflexiones # , ,

La muerte del Pan-Optico

La muerte del Pan-Optico

Jeremy Bentham nació en Londres en 1748. Fue filósofo, economista, pensador y escritor, en una época cuando la relativamente escasa especialización del conocimiento permitía oficiar con eficiencia en todas estas áreas del saber. Se lo considera el «Padre» del utilitarismo, una doctrina que promueve las razones de la existencia en el «goce de la vida» en lugar del sufrimiento.

Pero en esta oportunidad nos ocupa de Bentham la atención que dedicó a la reforma penitenciaria, elaborando por encargo de Jorge III un modelo de cárcel  al que denominó “el Panopticon”. En la cárcel de Jeremy se vigilaba todo desde un punto, sin ser visto. Bastaría una mirada que vigile, y cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, terminaría por interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo. Bentham llegó a darse cuenta de que «el panóptico» sería una gran invención no sólo para la institución carcelaria, sino también y particularmente para las fábricas. En rigor, de alguna forma u otra todas las cárceles, escuelas y fábricas a partir de aquella época se construyeron con este modelo de vigilancia, el cual fuera brillantemente analizado por Michel Foucault en “Vigilar y castigar”, quien supo extrapolar su efecto a toda forma de relación entre los estados modernos y sus ciudadanos.

“El mayor efecto del panóptico es que induce al preso a un estado de conciencia y visibilidad permanente que asegura el funcionamiento automático del poder. El orden que configura la vigilancia es permanente en sus efectos, aun cuando no lo es en sus acciones; esa perfección del poder hace tender a que su propio ejercicio sea innecesario.” describe Foucault. Su idea es que la sociedad y sus dispositivos de control operan bajo esta forma de la función disciplinaria que surgió en plena revolución industrial para controlar al nuevo sujeto social: las masas obreras. Para quienes estudiamos sociología a fines del siglo pasado, la carrera fue básicamente una colección de ideas foucaltianas organizadas alrededor del Panóptico y su influencia en el comportamiento y la anatomía de los individuos. Pero, si asumimos que estamos en una era post industrial, próximos a las Singularidad de la Inteligencia Artificial, ¿puede revisarse si ha mutado el modelo de vigilancia social? Continuar leyendo

29/06/17 Reflexiones # ,

El poder es el servicio

Era una mañana de 1880 cuando Émile Durkheim fundo la sociología. Se había despertado liviano, después de una noche de buen sueño y en el aire había una sensación de posibilidad infinita. ¡Así que Émile soplo tres veces y “voilà mes amis”! Al completar la tercera exhalación allí estaba la sociología, vivita y coleando para toda la humanidad. Quizás estas líneas proto-evangélicas sean injustas con los otros Padres fundadores, léase Comte, Marx y Weber, lo admito. Pero permítaseme la petición de principio para avanzar en la argumentación.

Las ideas iniciáticas de Émile rondaban en torno a lo siguiente: Las sociedades se mantienen unidas merced al impulso de cada individuo de atender los intereses de los demás miembros de la comunidad, un acto misterioso que hasta el momento había pasado desapercibido para la mirada científica y se llamaría «solidaridad». Las sociedades menos evolucionadas utilizan la «solidaridad mecánica», es decir una suerte de reacción integral y no parcelada en la que los individuos responden por sus pares cuando alguno lo requiere. Las más sofisticadas en cambio, se valen de la división del trabajo para mantenerse juntas. Es la «solidaridad orgánica», donde cada miembro tiene una pieza del rompecabezas y todos dependen de cada uno, todo el tiempo. Para Durkheim, el problema de la sociología era estudiar las normas que mantenían unidas a las sociedades complejas, permitiéndoles orientar la contribución de cada miembro a un fin común.

Así las cosas, con la especialización aparecen dos demandas:

  • La necesidad de generar un programa de integración de las especialidades para guiarlas a un propósito mayor y entonces decidir inclusive sobre sub-optimizaciones armónicas.
  • Que el requerimiento de que cada área se conciba desde una perspectiva de servicio.

Es decir, se hace imprescindible actuar interpretando el contenido de la especialidad como un medio y nunca como un fin. Curioso que la propia tendencia a especializar genere un esquema de administración / gerenciamiento de la especialidad que tiende a mirar lo propio como si no fuera contributivo a la supervivencia del conjunto y como si no dependiera a su vez del conjunto para su propia supervivencia. Maravillas del pensamiento posmoderno que se las ha ingeniado para poner en riesgo toda visión de propósito general, postulando incluso la idea de que no existe un Propósito Ultimo y entonces cantándole jaque mate a la propia noción de sentido. Un verdadero drama para las sociedades complejas.

Atentos entonces, pequeños saltamontes. Hay una parcela de la realidad en la cual transcurren nuestros menesteres cotidianos. Ellos deben servir a alguien y bien le haría a la efectividad de nuestras acciones que las evaluáramos desde la posición de aquel a quien esperamos servir. Si lo que hacemos no le sirve a nadie no tardaremos en descubrir que tampoco nos sirve a nosotros, si ocurre lo contrario, servir nos sirve a nosotros también.

29/06/17 Reflexiones # ,
21/06/17 Reflexiones # ,

Hacia un Yoga de la Vocación y las Decisiones Profesionales

Una de mis materias preferidas en la carrera de Administración fue “Teoría de la decisión”. Recuerdo que mientras la cursaba no podía dejar de preguntarme: ¿y si todo el racional que construimos para el análisis de las alternativas no fuera más que auto justificación de la decisión que ya hemos tomado? Es decir, el proceso teóricamente transparente de recopilación de información objetiva para analizar pros y contras, ¿no está atravesado en sí mismo por nuestras preferencias? Si fuera así, ¿podría decirse que ya decidimos antes de decidir y que lo que hacemos con la decisión es algo así como “explicárnosla” a nosotros mismos?  Entonces, ¿cuál es el mecanismo mediante el cual decidimos? ¿Decidimos realmente?

Según los Grandes Maestros del Yoga la vulnerabilidad de lo que creemos controlar se expresa en entornos o circunstancias que nos son desconocidas. Para gobernar esa incertidumbre preferimos la construcción del conocimiento, que no deja de ser un relato que nos brinda seguridad y nos permite creer que las cosas son controlables, “decidibles”,  que estamos en dominio de nuestro destino, que podemos hacer que las cosas cambien o mejoren. Pero bien puede contemplarse la idea de que en realidad, no estamos en este mundo para cambiarlo o para mejorarlo, sino simplemente para conocerlo. Podemos conocerlo a través de la reflexión, del entendimiento, podemos sentirlo o percibirlo, o podemos creer en él. Entender, sentir, creer. Esas son las herramientas para conocer lo que pasa. Pienso entonces, una vez que logramos conocer lo que pasa, ¿se acabó el sentido? La voz de Yogananda me responde: En rigor allí es donde empieza, pues es tiempo de ayudar a que pase lo que debe pasar. Nuestra identidad es el modo particular en que cada uno se relaciona con el sentido, un llamado hacia una forma individual de ser. Como el Cristo, que pide que se haga en él según la voluntad del Padre, podría pensarse que todos venimos al mundo con un propósito, con una vocación (el verbo latino para «llamar» es vocare). Estamos aquí para ser “algo” y ese “algo” se puede expresar en distintas profesiones, ocupaciones, labores, trabajos de las cuales nos encargamos a lo largo de nuestra vida. Pero no hace falta desarrollar biunívocamente la ocupación A para  cumplir con el  propósito B. La profesión es algo que hacemos, no algo que somos. Un accidente que, como tal, puede ser otro con el tiempo.

Una de las más tragicómicas paradojas de la existencia es que no conocemos nuestra vocación sin al menos haber transitado algunos pasos a ciegas. No es extraño que así ocurra si, siguiendo a Lacan y su espejo, consideramos que la identidad se manifiesta y consolida en el vínculo con los demás. A veces, si estamos atentos y escuchamos en el silencio, la vocación se nos presenta solita, se revela a poco de andar. Otras veces está debajo de las piedras y se nos escapa hasta que el camino mismo parece terminarse. Para peor, el desafío no solo es encontrarla, sino ayudar a que se manifieste. Cultivarla. Darle la posibilidad de alcanzar su máxima expresión.

Como sea, la decisión de la profesión no parece ser tan crucial ni tan determinante en la perspectiva de la búsqueda vocacional, sin la cual cualquier profesión es insuficiente y con la cual cualquiera es una puerta a la auto-realización.

13/06/17 Reflexiones # , ,

Medicina del desempeño

Dicen que una persona sana es aquella que no ha sido estudiada suficientemente. Es que llegado un punto diagnóstico todos estamos enfermos. Ernesto por ejemplo. Runner, vegano, feliz en el amor, los amigos y la familia. Exitoso en el trabajo. Colesterol de 125, sin hallazgos radiográficos y un examen de laboratorio impecable. Pero a los 42 años le realizan su primer ecodopler de cuello, y allí, en la aorta, una placa fibrocálcica genética. Es la muerte en el cuello de Ernesto. No para mañana, claro, pero si para algún momento, bien allá en el futuro lejano. ¿Será de aquí a treinta años? ¿De aquí a cuarenta y tres? Silencioso, volando bajo radar, ahí va el germen de su muerte disimulado en el cuello enfermo.

¿Qué debe hacer Ernesto entonces? Nada. Seguir viviendo. Correr, amar, trabajar y volver al ecodopler en un año o quizás en cinco, para chequear su evolución.

Camila es buena técnicamente, tiene foco en los riesgos de corto plazo, pero no puede ver más allá. Le cuesta planificar más que una semana. Ricardo ve de corto y también de largo, lo que le permite liderar, pero es muy duro al señalar lo que sus equipos no hicieron en el momento de darles feedback, lo que puede provocarle pérdida de legitimidad. Susana visualiza adecuadamente el timeline operativo, el táctico y el estratégico, es balanceada en el feedback y se la percibe como legitima, pero le falta énfasis para romper la inercia cuando se necesita cambiar. Aníbal maneja todos los horizontes de planeamiento, conoce las tareas, da feedback oportuno y preciso, es valiente para gerenciar procesos de transformación, pero le cuesta el balance con su vida personal.

Pienso que, en algún punto, todos somos low performers, pues tenemos una sub-compensación en nuestro perfil de competencias que puede hacernos rendir mal. Y también que pensar de esta manera puede sernos útil cuando tenemos que construir un feedback para alguien que trabaja con nosotros, pues nos sumerge en un involuntario barniz de humildad. ¿Será que hay algo en común entre el arte de la gestión del desempeño y el de la gestión de la propia salud? Acaso sea la capacidad para prolongar la secuencia de diagnósticos positivos al máximo posible, sabiendo que un indagador profundo encontrará un aspecto negativo. Quizás, si la cadena fuera lo suficientemente larga, ese aspecto negativo produzca un impacto leve y solo tendrá sentido atenderlo ocasionalmente para chequear su evolución. Lo que no implica que perdamos consciencia de que en algún momento nos vencerá y nuestro campo de acción solo se limita a elongar el tiempo que nos separa de ese único e irremediable desenlace.

13/06/17 Reflexiones # , ,
06/06/17 Reseñas # , ,

Vivimos en dos mundos paralelos y diferentes: el online y el offline

Vivimos en dos mundos paralelos y diferentes: el online y el offline

Resumen de artículo de Zygmunt Bauman- mayo 2014

 

Elegí llamar ‘modernidad líquida’ a la creciente convicción de que el cambio es lo único permanente y la incerteza la única certeza. La vida moderna puede adquirir diversas formas, pero lo que las une a todas es precisamente esa fragilidad, esa temporalidad, la vulnerabilidad y la inclinación al cambio constante.

La incertidumbre es nuestro estado mental que está regido por ideas como “no sé lo que va a suceder”, “no puedo planificar un futuro”. El segundo sentimiento es el de impotencia, porque aun cuando sepamos qué es lo que debemos hacer, no estamos seguros de que eso vaya a ser efectivo: “no tengo los recursos, los medios”, “no tengo el poder suficiente para encarar el desafío”. El tercer elemento, que es el más dañino psicológicamente, es el que afecta la autoestima. Uno se siente un perdedor: “no puedo mantenerme a flote, me hundo”, “son los demás los exitosos”. En este estado anímico de inestabilidad, maníaco, esquizofrénico, el hombre está desesperado buscando una solución mágica. Uno se vuelve agresivo, brutal en la relación con los demás. Usamos los avances tecnológicos que, teóricamente deberían ayudarnos a extender nuestras fronteras, en sentido contrario. Los utilizamos para volvernos herméticos, para cerrarnos en lo que llamo “echo chambers”, un espacio donde lo único que se escucha son ecos de nuestras voces, o para encerrarnos en un “hall de los espejos” donde sólo se refleja nuestra propia imagen y nada más.

Hoy vivimos simultáneamente en dos mundos paralelos y diferentes. Uno, creado por la tecnología online, nos permite transcurrir horas frente a una pantalla. Por otro lado, tenemos una vida normal. La otra mitad del día consciente la pasamos en el mundo que, en oposición al mundo online, llamo offline. Según las últimas investigaciones estadísticas, en promedio, cada uno de nosotros pasa siete horas y media delante de la pantalla. Y, paradojalmente, el peligro que yace allí es la propensión de la mayor parte de los internautas a hacer del mundo online una zona ausente de conflictos. Cuando uno camina por la calle en Buenos Aires, en Río de Janeiro, en Venecia o en Roma, no se puede evitar encontrarse con la diversidad de las personas. Uno debe negociar la cohabitación con esa gente de distinto color de piel, de diferentes religiones, diferentes idiomas. No se puede evitar. Pero sí se puede esquivar en Internet. Ahí hay una solución mágica a nuestros problemas. Uno oprime el botón “borrar” y las sensaciones desagradables desaparecen. Estamos en proceso de liquidez ayudada por el desarrollo de esta tecnología. Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo. Entre los daños más analizados y teóricamente más nocivos de la vida online están la dispersión de la atención, el deterioro de la capacidad de escuchar y de la facultad de comprender, que llevan al empobrecimiento de la capacidad de dialogar, una forma de comunicación de vital importancia en el mundo offline.

El futuro de nuestra cohabitación en la vida moderna se basa en el desarrollo del arte del diálogo. El diálogo implica una intención real de comprendernos mutuamente para vivir juntos en paz, aun gracias a nuestras diferencias y no a pesar de ellas. Hay que transformar esa coexistencia llena de problemas en cooperación, lo que se revelará en un enriquecimiento mutuo.

Hallamos un sustituto a nuestra sociabilidad en Internet y eso hace más fácil no resolver los problemas de la diversidad. Es un modo infantil de esquivar vivir en la diversidad.

30/05/17 Reseñas # , ,

Cinco cosas que pasan en nuestro cerebro cuando navegamos por internet

Resumen de artículo publicado en BBC Mundo  – Tecnología- 9 mayo 2017

Cuando entramos en el ciberespacio, no siempre somos conscientes de que nos adentramos en un mundo virtual donde el tiempo pasa más deprisa. Allí pensamos y nos comportamos de manera muy distinta a como lo hacemos en el mundo real. La ciberpsicóloga forense Mary Aiken lo describe como un «mundo hiperconectado» en el que «todo se amplifica» (lo bueno, como el altruismo, y lo malo, como la delincuencia) y nos volvemos mucho más vulnerables. «La tecnología se ha infiltrado en cada uno de los aspectos de nuestra vida. Nuestros instintos nos fallan cuando entramos en el ciberespacio», escribe Aiken en su libro The Cyber Effect (2016), en el que habla del comportamiento humano en internet. «Estamos viviendo un momento histórico muy emocionante en el cual están cambiando muchos aspectos de la vida en la Tierra. Pero lo nuevo no siempre es bueno y tecnología no es sinónimo de progreso», dice la psicóloga, cuyo trabajo en el FBI e Interpol inspiró la serie televisiva CSI Cyber. Estos son algunos de los efectos que se han observado.

  1. «Puedo ser quien quiera ser» (desinhibición online): En internet nos ponemos el traje de superhéroes y nos desinhibimos, alentados por la sensación de anonimato. «Este efecto es muy interesante porque hace que la gente haga cosas en el mundo cibernético que no haría en el mudo real», le contó Aiken a la BBC. Los seres humanos somos menos amables en internet que en persona y más proclives a ofender a los demás.
  2. «No me conoces» (anonimato disociativo): ¿Conoces realmente a las personas con las que interactúas en internet? La mayoría de las personas en internet no saben quién eres. Cuando tenemos la posibilidad de separar nuestras acciones del mundo real y de nuestra identidad, nos sentimos menos vulnerables a la hora de abrirnos a los demás. Y este efecto tiene como consecuencia otros efectos, como el de la agrupación online. «En un estado mental menos inhibido, las personas con ideas afines se encuentran más fácilmente», explica Aiken.
  3. «No puedes verme» (invisibilidad): Internet nos otorga el poder de la invisibilidad, por eso somos más abiertos a la hora de compartir nuestras cosas con los demás. La oportunidad de ser invisible amplifica el efecto desinhibidor. No tienes que preocuparte sobre cómo te ves o cómo suenas cuando dices (tecleas) algo y puedes evitar el contacto visual. Otra de las consecuencias de esta invisibilidad es lo que Aiken llama «cibersocialización», una forma acelerada de socialización potenciada por las redes sociales y la manera en que nos comunicamos en internet. Y también la minimización de la autoridad.
  4. «¿Cuánto tiempo ha pasado?» (Distorsión del tiempo): «Haz esto la próxima vez que te conectes a internet: desconecta el reloj de tu pantalla y, de vez en cuando, ponte a prueba para ver si eres capaz de calcular con acierto el paso del tiempo», sugiere Aiken. ¿Cuánto tiempo necesitamos dejar de usar el teléfono y las redes sociales para que una desintoxicación digital sea efectiva? La razón es que internet modifica nuestro proceso de atención. A esta distorsión del tiempo habría que sumar el asincronismo del universo virtual: la interacción en internet no ocurre en tiempo real, y no tener que tratar con reacciones inmediatas hace que nos relajemos.
  5. «Es sólo un juego» (imaginación disociativa): En internet nos sentimos como personajes imaginarios que «creamos» y que existen en un espacio diferente, la dimensión digital. Es un mundo soñado, fuera de las responsabilidades del mundo real. Separamos o disociamos la ficción online de los hechos offline. Una vez que apagamos la computadora y volvemos a la rutina del día a día, creemos que se puede dejar atrás la identidad en el juego. ¿Por qué deberíamos sentirnos responsables de lo que ocurre en ese mundo de ficción que no tiene nada que ver con la realidad?
24/05/17 Reflexiones # , , ,

Maestría Personal

La teoría referida a la Gestión del desarrollo de las personas en las organizaciones se está consolidando en una nueva dirección. No así su práctica efectiva, pero es bien sabido que las tecnologías cambian mucho más rápido que la cultura. En el caso particular, la aplicación de los conceptos que dan origen a las nuevas herramientas de la “gestión del capital humano” requiere un set de competencias donde las siguientes ocupan un lugar central: la reflexión autocrítica pero amorosa, la escucha activa, el juicio constructivo hacia los demás y la aceptación de la diferencia. Tal equipamiento difiere bastante del requerido por el paradigma anterior, bajo cuyas premisas es la empresa quien planifica sucesiones en función de un perfil predefinido de necesidades, y con independencia de la expectativa genuina de quienes son incluidos en la planificación.

Pero como digo, hoy la teoría va alumbrando un camino bien distinto, que podría caracterizarse a partir de estos elementos clave:

  • Autoconocimiento para desarrollarme. La noción de que la planificación de carrera no es responsabilidad de nadie más que de nosotros mismos arrastra un prerrequisito esencial. No es posible emprender el viaje sin una indagación profunda y genuina sobre nosotros mismos. Y en este sentido no solo es válida la reflexión respecto a fortalezas y aspectos de mejora, sino especialmente referida a deseos y expectativas. Hacerse cargo del proyecto de la carrera es sincerar el destino buscado con la mayor libertad de la cual cada uno es capaz, por “encima” de las oportunidades o dificultades del entorno, por arriba de las “imposiciones” sociales, de la familia, de las circunstancias económicas o de la cultura. Al mismo tiempo, “tratarnos bien” mientras realizamos esta indagación es clave. La nitidez del autorretrato necesita que cuestionemos nuestras expectativas pero mantengamos una mirada amorosa sobre nosotros mismos.
  • Redes de contactos significativos y feedback 360. Una vez aclarada la meta, nos asalta la noción de que solos no es posible llegar a ningún lado. La toma de conciencia de que otros actores son imprescindibles en nuestro camino, recursos en el sentido amplio de la palabra, muchos de los cuales también recibirán nuestra contribución. Es por eso que se hace imprescindible mirar a los demás con juicio positivo y estar atentos a la gestión de lo que tienen para decirnos a su vez.
  • Maximizar fortalezas vs normalizar debilidades. Llevar una habilidad “no Ok” a nivel “Ok” gasta las mismas calorías que llevar una “Ok” a “Super Ok”… Entonces… ¿Dónde conviene poner el gasto de energía? La respuesta tradicional, en la que se basa no solo el viejo paradigma del desarrollo de personas sino el sistema completo de educación occidental es la normalización de debilidades. Esforzarse por no tener atributos por debajo del nivel normal. La novedad consiste en gastar menos esfuerzo en ello, procurando dejar nuestras falencias apenas en nivel no conflictivo, suficiente para integrarnos con los demás, pero ocuparnos con mayor énfasis de llevar a rango “world class” los aspectos que nos distinguen. A medida que la organización del trabajo va promoviendo la formación de equipos expertos, la maximización de las fortalezas logra consolidarse como paradigma de desarrollo. La implicancia fundamental: aceptar y abrazar la diferencia que complementa el resultado del conjunto.
24/05/17 Reflexiones # , , ,
09/05/17 Reflexiones # , ,

Institucionalidad y mérito

Cuando un médico no encuentra un diagnóstico más preciso para encuadrar las dolencias de su paciente, siempre puede invocar uno de estos dos recursos: “estimado señor, lamentablemente usted padece los efectos de un virus” o “bien puede ser el stress que está sufriendo”. Y difícilmente se equivoque, pues en el fondo ¿quién puede proclamarse absolutamente libre de alguna de estas influencias (o de ambas contemporáneamente)? De la misma forma, ante un problema complejo que no termina de definirse, la tentación es encuadrarla como: “un déficit de educación”. En la vida social de los argentinos cualquier cosa admite ser configurada bajo la generosidad de este argumento: el crimen organizado, la entradera nocturna, la derrota del seleccionado, el corte de calles basado en reclamos genuinos, el piquete deslegitimado, el saldo negativo de la balanza comercial, la deuda externa o el pico de consumo de energía provocado por la nueva ola de calor. Y por supuesto que una mejora sustentable de la calidad educativa en el marco de un programa que permitiera alcanzar plena inclusión como punto de partida y garantizar terminalidad de los estudiantes como punto de llegada, mejoraría notablemente cualquier ámbito de la vida en sociedad en algún horizonte de tiempo. Pero si tuviera “una sola bala” para promover cambios de corto plazo en nuestra tan errática experiencia de discontinuidades, iría por otro camino, pues tengo la sospecha de que la recurrencia de conflictos proviene de una cuestión mucho más cercana: la debilidad institucional y la ausencia de una cultura meritocrática para la promoción.

En “La Construcción social de la realidad”, Berger & Luckman cuentan maravillosamente la génesis de las instituciones. Una vez acuerdo solidario para la supervivencia de la comunidad, las instituciones comienzan a revelarse como “dato” para las nuevas generaciones, que las perciben como eternas y permanentes a través de la socialización. La comunidad garantiza así la continuidad de su experiencia: aquello que alguna vez aprendió que es necesario para supervivir. Los miembros que demuestran mayor pericia son quienes portan el ADN de la subsistencia, y así, a través del éxito de ellos, el grupo expone su propia capacidad de reproducción, vigencia y sostenibilidad (para usar una palabra que Berger & Luckman desconocían).

¿Por qué será que los argentinos inventamos la pólvora a cada paso? A veces es nuestro propio afán de creatividad que nos juega una mala pasada. Volver siempre al punto de partida, como si no hubiera aprendizaje adquirido en nuestras instituciones ni en sus representantes más expertos, no nos permite crecer. Me pregunto qué pasaría si los argentinos usáramos todo el capital social ya adquirido sin procurar nuevas invenciones y nos comprometiéramos a recompensar con el crecimiento solo a quienes demuestran competencia suficiente. En la policía, en la escuela, en el ejército, en la empresa, en el hospital, en la iglesia, en el club de barrio, en el partido político o en la asociación civil, una simple premisa: Institucionalidad y mérito para no caer en la trampa de diagnosticar todos los males como un problema de educación.

09/05/17 Reflexiones # , ,
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