Desafíos
¿Cuáles son los desafíos del liderazgo en las empresas? Hoy y mañana. ¿Qué líderes necesitamos? En estas páginas encontrarás el puntapié inicial de nuestra propuesta y una reseña bibliográfica para alimentar la reflexión. “Desafíos” fue la idea de un newsletter primero, la de un blog después y finalmente la de una mesa de debate. Hoy esperamos que sea todo eso junto.
junio 21, 2016

El Cerebro Lector

El Cerebro Lector

Que el Hardware determina la capacidad de procesamiento del Software es una discusión agotada en el campo de la tecnología. Pero para las ciencias sociales, la capacidad de la cultura de moldear el cerebro humano de manera completa es un prerrequisito, y es lo que permite explicar el hecho que el “Homo Sapiens” haya podido “conquistar su propia naturaleza”. En su libro, “El Cerebro Lector”, Stanislas Dehaene arriesga una visión algo diferente, que cuestiona el paradigma de un cerebro hiperplástico, a la vez que explica cómo es posible que desarrolle “funciones” para las cuales no está absolutamente equipado. No solo hablamos del mundo que nos permite nuestro lenguaje (noción que le debemos a la Ontología) sino que reconocemos el lenguaje que nos permite nuestro cerebro. Pero la capacidad de interpretarlo no reside en el hardware propiamente, sino en el “reflujo neuronal”, una forma de uso de las partes del hardware que lo potencian. Contra el determinismo biológico pero también contra el relativismo cultural, se alza la voz de Dehaene para mostrarnos las posibilidades y las fronteras del aprendizaje. Escuchémosla desde su propio cerebro en el resumen que sigue…

“Si vamos a reconsiderar la relación entre el cerebro y la cultura, debemos abordar un enigma que llamo la paradoja de la lectura: ¿por qué nuestro cerebro de primates puede leer? ¿Por qué tiene una inclinación a la lectura, aun cuando esta actividad cultural fue inventada sólo hace unos pocos miles de años? “ (…) “Hay buenas razones por las que esta pregunta engañosamente simple merece ser llamada una paradoja. Hemos descubierto que el cerebro alfabetizado contiene mecanismos corticales especializados que están exquisitamente dispuestos para el reconocimiento de las palabras escritas. Es aún más sorprendente que los mismos mecanismos, en todos los humanos, estén sistemáticamente alojados en regiones cerebrales idénticas, como si hubiera un órgano cerebral para la lectura. Pero la escritura nació solamente hace cinco mil cuatrocientos años y el alfabeto en sí mismo tiene sólo tres mil ochocientos años.” (…) “Estas cantidades de tiempo son una nimiedad en términos evolutivos. De este modo, la evolución no tuvo tiempo de desarrollar circuitos especializados de lectura para el Homo sapiens.”

“¿Cómo es, entonces, que nuestro cerebro primate aprendió a leer? Nuestra corteza es resultado de millones de años de evolución en un mundo sin escritura: ¿por qué puede adaptarse a los desafíos específicos planteados por el reconocimiento de la palabra escrita?”

“Los empiristas sostienen además que el cerebro humano, sin importar las limitaciones biológicas y a diferencia del de muchas otras especies animales, puede absorber cualquier forma de cultura. Desde esta perspectiva teórica, hablar sobre las bases cerebrales de los inventos culturales como la lectura es, pues, absolutamente irrelevante, algo muy similar a analizar la composición atómica de una obra de Shakespeare.” (…) “Sin embargo, la nueva evidencia acerca de los circuitos cerebrales de la lectura demuestra que la hipótesis de un cerebro equipotencial es errónea, refutando dicha visión simplista de una adaptabilidad infinita del cerebro a la cultura. Si el cerebro no fuera capaz de aprender, no podría adaptarse a las reglas específicas de la escritura del inglés, el japonés o el árabe. Este aprendizaje, sin embargo, está restringido de manera muy firme, y sus mecanismos en sí mismos están rígidamente especificados por nuestros genes. La arquitectura cerebral es similar en todos los miembros de la familia de los Homo sapiens, y se diferencia muy poco de la de otros primates. A lo largo y a lo ancho del mundo, las mismas regiones cerebrales se activan para decodificar una palabra escrita. Ya se trate de francés o de chino, el aprendizaje de la lectura recorre un circuito genéticamente condicionado.”

“Sobre la base de estos datos, propongo una teoría novedosa de las interacciones  neuroculturales, radicalmente opuesta al relativismo cultural, y capaz de resolver la paradoja de la lectura. La llamo la hipótesis del “reciclaje neuronal”. Desde este punto de vista, la arquitectura del cerebro humano obedece a restricciones genéticas muy fuertes, pero algunos circuitos han evolucionado para tolerar un margen de variabilidad. Parte de nuestro sistema visual, por ejemplo, no está programado de antemano, sino que permanece abierto a cambios en el ambiente. En el marco de un cerebro bien estructurado en otros aspectos, la plasticidad visual les dio a los antiguos escribas la oportunidad de inventar la lectura.”

“En general, un conjunto de circuitos cerebrales, definido por nuestros genes, brinda “pre-representaciones” (Changeux, 1983) o hipótesis que nuestro cerebro puede tener sobre los futuros desarrollos en su ambiente.”

“Durante el desarrollo del cerebro, los mecanismos de aprendizaje seleccionan qué pre-representaciones pueden adaptarse mejor a determinada situación. La adquisición cultural se da gracias a este margen de plasticidad cerebral. Lejos de ser una pizarra en blanco que asimila todo lo que se encuentra a su alrededor, nuestro cerebro se adapta a una cultura dada cambiando mínimamente el uso de sus predisposiciones para darles un uso diferente. No es una tabula rasa en la cual se acumulan construcciones culturales, sino un dispositivo cuidadosamente estructurado que se las arregla para adaptar algunas de sus partes para un nuevo uso. Cuando aprendemos una nueva habilidad, reciclamos algunos de nuestros antiguos circuitos cerebrales de primates, en la medida, por supuesto, en que esos circuitos puedan tolerar el cambio.”

“Desde luego, esta concepción de la cultura, entendido como una especie de “juego de Lego” con restricciones, no es novedosa. Se halla profundamente relacionada con la visión estructuralista de la antropología, de la que tenemos ejemplo en el Claude Lévi-Strauss de la última época, que postula que cualquier fenómeno cultural puede ser entendido en función de ciertas estructuras, presentes en todo el mundo. Lo que yo propongo es que las estructuras universales que se repiten en unas y otras culturas (mitología, tradiciones matrimoniales, lenguaje) pueden atribuirse, en última instancia, a sistemas cerebrales específicos.” (…)

En definitiva, el cerebro es un órgano con muchas más restricciones de las que pensamos, lo que impone fuertes límites a la gama de posibles formas culturales. La humanidad ha estado buscando sin cesar nichos específicos en el cerebro por medio de sus inventos culturales, que ha instalado allí donde existe un espacio de plasticidad apto para “reciclar” un área cerebral y asignarle un nuevo uso. La lectura, las matemáticas, el uso de instrumentos, los sistemas religiosos… Todos ellos podrían ser considerados ejemplos de reciclaje de la corteza cerebral.

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