Desafíos
¿Cuáles son los desafíos del liderazgo en las empresas? Hoy y mañana. ¿Qué líderes necesitamos? En estas páginas encontrarás el puntapié inicial de nuestra propuesta y una reseña bibliográfica para alimentar la reflexión. “Desafíos” fue la idea de un newsletter primero, la de un blog después y finalmente la de una mesa de debate. Hoy esperamos que sea todo eso junto.

Reseñas

01/11/17 Reseñas

Ébano

Ryszard Kapuscinski fue un hombre blanco. Es razonable suponer que vino al mundo como reencarnación tardía de Marco Polo, aunque empleado por la Agencia de Prensa Polaca en lugar de Kublai Khan. Pero si el bueno de Marco efectivamente reencarnó en Ryszard, lo hizo mejorado, como ocurre con todos los seres que tienden al «mahasamadhi». O quizás Marco y Ryszard hayan sido sendos avatares de una misma divinidad. El “Dios de la Crónica”, esa forma de descripción de los escenarios y los acontecimientos que agrada, emociona y promueve la reflexión a partir de la imparcialidad y la suspensión del juicio crítico.

Kapuscinski nació en Polonia pero vivió en África, dedicando diversas crónicas a sus vivencias de 40 años en un continente en proceso formal de «descolonización». Durante la segunda mitad del siglo XX, las grandes potencias europeas fueron abandonando el gobierno de los países africanos en favor de protoburguesias locales y ese cambio social es descripto en los relatos que menciono, sin pretensión alguna de moraleja política o filosófica, y en cambio con estricto ánimo antropológico o periodístico (pero no del militante). Ébano, es el libro que reúne esas historias, y así como «África» no existe, pues lo impide la diversidad de sus sub culturas, justo es decir que tampoco existe «Ébano».

África es un espacio de senderos que se transitan en fila india, senderos abiertos a pura pisada por pueblos que los recorrieron de modo irregular y discontinuo, camino hecho al andar. Pueblos que debieron migrar de modo permanente, forzados por las guerras de clanes o las guerras de la naturaleza. Pueblos que, si subsistieron malamente, solo lo hicieron por un impulso de mancomunidad. Es por eso que el individualismo no es posible en este continente, y entonces tampoco lo es su identidad.

Pero además, en África no existe el tiempo, que solo es voluntad de los sujetos y se activa o suspende según su deseo. No hacía falta Einstein para refutar las leyes universales de Newton. Ya lo habían refutado los africanos, cuyos transportes no salen a ningún horario sino solo cuando están llenos ¿Y que es aquello que ocurre en el intervalo en el cual se llena el transporte? ¿No es acaso «tiempo»? Pues en rigor, y para la experiencia de quienes aguardan, aquello nunca ocurrió. No hay espera en África. Solo suspensión de la actividad vital, solo pausa, solo elongación de Chronos, como si transcurriera a la velocidad de la luz, o aún más allá, adentro de la eternidad.

Y quizás por eso tampoco importa demasiado la muerte, cuando la estructura de la realidad incorpora en pie de igualdad a los vivos, a sus antepasados y a los espíritus, quienes intervienen de idéntica forma en el gobierno de las comunidades y sus decisiones administrativas, Triunvirato de poderes de los estados nación de Occidente, o Santísima Trinidad.

Al fin y al cabo, Ébano tampoco es esto que aquí les cuento, sus pocos senderos que si pude recorrer, esos caminos sinuosos que ya se cierran luego de mi paso y acaso no dejan rastro de alguna vez haber sido abiertos, como tantos otros que acaso hayan ocurrido o algunos más que algún día ocurrirán.

19/09/17 Reseñas # ,

De la ética del trabajo a la estética del consumo ll

Retomamos en esta edición el trabajo de Horacio Bolaños sobre la obra de Zygmunt Bauman.

 

Consumo y educación

Ahora bien, este conjunto de habilidades del “buen consumidor” ¿dónde se aprenden? La espontaneidad, el dejarse tentar, el estar alerta ante lo novedoso, lo divertido, lo instantáneo ¿requiere de formación previa? ¿Es preciso capacitarse, estudiar, entrenarse para ser un efectivo integrante del conjunto de los consumidores? ¿Son necesarias instituciones como otrora las fábricas, los talleres, los cuarteles (temporariamente obligatorios) para modelar a los nuevos agentes sociales? Todo parece indicar que las respuestas a estos interrogantes son negativas. Es el mismo mercado el que moldea a sus actores diestros y exitosos. ¿Es de extrañar entonces la crisis de nuestro sistema educativo?

Como el conocimiento requerido para las elecciones –fugaces- en el mercado es empírico, se procuran recetas y no fundamentos, reacciones y no deducciones, aproximaciones y no precisiones. ¿Puede extrañar, entonces el éxito de los gurúes, los falsos profetas, los brujos y los traficantes de paraísos químicos?

 

La estética del consumo

La sociedad de consumo es la sociedad de las sensaciones, de los estímulos, del vértigo. Por ello habla Bauman de la estética: “El consumo, siempre variado y rico, aparece ante los consumidores como un derecho para disfrutar y no una obligación para cumplir”. Los consumidores se guían por intereses estéticos, no por normas éticas. Porque es la estética, no la ética, el elemento integrador en la nueva comunidad de consumidores. La sociedad de la producción asignaba un valor central al trabajo bien realizado, la estética premia más las experiencias cortas e intensas. El cumplimiento del deber tenía su lógica interna que dependía del tiempo y por eso lo estructuraba, le otorgaba una orientación, le confería sentido a nociones como acumulación gradual o demora de las satisfacciones. Ahora en cambio, ya no hay razones para postergar la búsqueda de nuevas experiencias; la única consecuencia de esa demora es la pérdida de oportunidades, porque la oportunidad de vivir una experiencia no necesita preparación ni la justifica; llega sin anunciarse y se desvanece si no se aprovecha.

Como del futuro se espera que depare cada día nuevas y más sorpresas a ser satisfecha de manera inmediata, tanto el ahorro como la previsión pierden su atractivo. Por lo tanto, tratar de anticipar el futuro, programándolo, le quita el encanto de la sorpresa y el vértigo.  ¿Es de extrañar, entonces la crisis de los sistemas jubilatorios?

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05/09/17 Reseñas # ,

De la ética del trabajo a la estética del consumo

Horacio Bolaños es Licenciado en Filosofía de la UBA. Ha sido Gerente de Capacitación y Desarrollo en Xerox Argentina, en ESSO Argentina y en Grupo Quilmes. Los últimos años fue Director en Great Place to Work de Argentina, Uruguay y Paraguay. En las siguientes dos ediciones, publicamos de su pluma, un agudo análisis sobre la obra de Zygmunt Bauman.

 

Con este llamativo título comienza Zygmunt Bauman el segundo capítulo de su libro Trabajo, consumismo y nuevos pobres[1].  Bauman fue profesor emérito de la Universidad de Leeds (GB) y un prestigioso pensador de las ciencias sociales que se especializó en el análisis de las transformaciones del capitalismo tardío (o posmodernidad). En las líneas siguientes trataremos de presentar los puntos salientes de su análisis de ese trabajo e intentaremos aportar algunas reflexiones sobre el tema.

El título nos obliga, primero a recordar las diferencias entre ética y estética. La ética es la reflexión filosófica (es decir, sistemática y crítica) sobre el fundamento de las normas morales. Su campo es el del deber ser.  La estética, por su parte, en la concepción tradicional, es la reflexión filosófica sobre los fundamentos del arte, las preferencias, las sensaciones. Su campo, al menos en el sentido con que lo utiliza Bauman, es el de las experiencias de los sentidos.

 

La ética del trabajo

 Al hablar de ética del trabajo, Bauman se refiere a los valores centrales que necesitó articular la sociedad occidental a partir de la revolución industrial. Sin una valoración del esfuerzo, del trabajo organizado, de la disciplina, de la postergación del disfrute, no hubiera sido posible estructurar organizaciones como los grandes centros fabriles de donde surgieron las rugientes locomotoras, los deslumbrantes transatlánticos o las contaminantes usinas eléctricas, características de los primeros años del siglo XX. Por tal motivo, la sociedad de nuestros abuelos y bisabuelos también se la entiende como la sociedad de la producción, dado que sus integrantes se dedicaron, principalmente, a ella.

La manera en que aquella sociedad formaba a sus integrantes estaba dada por la necesidad de desempeñar el papel de productores, por lo tanto, la obligación que se imponía a sus miembros era la de adquirir la capacidad y la voluntad de producir. Pero producir de manera serial, mecánica, masiva y reiterativa.

Por eso, la forma en que aquellas organizaciones moldeaban a la gente procuraba comportamientos predecibles y pautados. La fragmentación de las tareas en pasos simples aseguraba el intercambio impersonal de sus ejecutantes.  Es por estas características que, tal como señala acertadamente Peter Druker, el modelo militar de los cuarteles territoriales y del servicio militar obligatorio fue un patrón rápidamente adoptado por las incipientes fábricas de producción seriada.

La “ocupación“ de las personas ayudaba a que éstas encontraran una identidad y su ubicación en la estructura de la sociedad. Los obreros, los supervisores, los gerentes o los propietarios constituían grupos separados con pautas de vida homogéneas entre sí, hecho que permitió el origen del concepto de clase social. La clase, a su vez, condicionaba fuertemente las vocaciones y el proyecto de vida. Continuar leyendo

08/08/17 Reseñas

La sociedad del cansancio II

Sujeto de Rendimiento y Libertad Paradójica.

El “sujeto de rendimiento” está libre de un dominio externo que lo obligue a trabajar o incluso lo explote. Es dueño y soberano de sí mismo. De esta manera, no está sometido a nadie, mejor dicho, solo a sí mismo. En este sentido se diferencia del “sujeto de obediencia”. La supresión de un dominio externo no conduce a la libertad, más bien hace que la libertad y la coacción coincidan. Así, el sujeto de rendimiento se abandona a la libertad obligada o a la libre obligación de maximizar el rendimiento. El exceso de trabajo se agudiza y se convierte en auto explotación. Esta es mucho más eficaz que la explotación por otros, pues va acompañada de un sentimiento de libertad. El explotador es al mismo tiempo el explotado. Víctima y verdugo ya no pueden diferenciarse. Esta auto referencialidad genera una libertad paradójica que a causa de las estructuras de obligación inmanentes a ella, se convierte en violencia. Las enfermedades psíquicas de la sociedad de rendimiento constituyen precisamente las manifestaciones patológicas de esa libertad paradójica.

Pedagogía del Mirar

En “El ocaso de los dioses” Nietzsche formula tres tareas por las que se requieren educadores: hay que aprender a mirar, a pensar, a hablar y a escribir. Aprender a mirar significa “acostumbrar el ojo a mirar con calma y paciencia, a dejar que las cosas se acerquen al ojo”. (…) Según el autor uno tiene que aprender a “no responder inmediatamente a un impulso, sino a controlar los instintos que inhiben y ponen término a las cosas”. La vileza y la infamia consisten en la “incapacidad de oponer resistencia a un impulso”. (…) Reaccionar a cada impulso es en si ya una enfermedad, un declive, un síntoma del agotamiento. (…) En cuanto acción que dice “NO” y es soberana, la “vita contemplativa” es más activa que cualquier hiperactividad.

El cansancio que separa

El cansancio de la sociedad de rendimiento (…) es violencia, destruye toda comunidad, toda cercanía, incluso el lenguaje. (…) Handke contrapone el cansancio elocuente, capaz de mirar y reconciliar, al cansancio sin habla, sin mirada y que separa. El cansancio como un “Mas del yo aminorado”, abre un “entre” (…). El “entre” es un espacio de amistad como indiferencia, donde “nada ni nadie domina”. Cuando el Yo se aminora, la gravedad del ser se desplaza del Yo al mundo. Se trata de un “cansancio que da confianza en el mundo”, mientras que el cansancio del Yo es un cansancio que lo aniquila.

El cansancio del “entre” permite un sosiego especial, un no-hacer sosegado. No consiste en un estado en que se apaguen los sentidos. En el despierta más bien una visibilidad especial (…)

01/08/17 Reflexiones , Reseñas # ,

La sociedad del cansancio

La sociedad del cansancio

En las últimas ediciones hemos intentado reflexionar sobre dos condicionantes del comportamiento humano: por un lado, el impacto de las nuevas tecnologías, en particular internet; por otro, la definición de un sistema estructurado a partir de la posibilidad de la mirada permanente del otro: el panóptico.

Byung- Chul Han nos permite contemplar estas dos ideas y darles consistencia bajo la lógica de una explicación más amplia.

Según el filósofo coreano, así como el Panóptico había definido un patrón de comportamientos esperados en la Era Industrial, el hombre de la Posmodernidad ha abandonado el temor provocado por la amenaza de la mirada disciplinaria de un tercero, sustituyéndolo por una noción aún más eficiente y exigente: la permanente demanda de rendimiento. Si las cárceles, las fábricas y la escuela se habían erigido como “instituciones panópticas”, son las torres corporativas y los gimnasios las nuevas instituciones de rendimiento del siglo XXI. Allí la supervivencia solo se alcanza a base de hiper-exigencia y exceso de positividad. Vacío de negatividad, de “no poder”, el superhombre Posmoderno que “todo-lo-puede” exige su propio rendimiento hasta llevarlo al límite de lo posible y aún más allá. Eso le provoca dos efectos simultáneos;

  • El primero por supuesto, es el cansancio, el agotamiento que se produce cuando no hay posibilidad primaria de aburrirse sino carrera desesperada por llenar cada espacio que se adivina quedará incompleto. El aburrimiento crea la condición de posibilidad de la originalidad, en cambio, la huida del aburrimiento, solo reproduce el status quo.
  • El segundo efecto es la depresión. La mirada no solo disciplina. Antes que eso, ella constituye al observado como persona erótica. El impulso vital es Eros, al Eros sigue el Logos. Sin intención erótica no hay como jugar y entonces no hay oportunidad de ser. Sin aquel que mira no hay Eros. Al no participar del Eros ni del Logos, el hombre Posmoderno queda marginado de todo intento de mutuo reconocimiento y se hunde en la depresión. Por eso las enfermedades contemporáneas no son infectológicas sino neurológicas, se trata del hombre buscando ser visto para redimirse de su propio agotamiento autoimpuesto. Justamente es en la “vida on line” donde más se fomenta esta despersonalización de la mirada, donde cada individuo pierde registro del reconocimiento de un tercero y solo es visto por sí mismo.

Mientras completaba la lectura, escuchaba una propaganda en la radio: «Familia, Deporte, Trabajo, Deporte, Trabajo, Familia, Trabajo, Deporte, Familia…. No podes más? Tomá vitaminas Aurelio. Vitaminas Aurelio. Para alcanzar tu máximo potencial.»

Notable como la sociedad del rendimiento bajo la pretensión de liberarnos promueve el encarcelamiento en nuestra propia lógica de máxima performance, a la par que ofrece para ello energía en pastillas… ¿Y la libertad? ¿Y la elección? ¿Y la vocación?

En la próxima entrega, seleccionamos a modo de Resumen algunos pasajes de “La Sociedad del Cansancio”, directamente de la pluma del autor.

18/07/17 Reseñas

La sanción post panóptica II

Resumen de “Hacia una economía post-fordista del castigo: la nueva penología como estrategia de control post-disciplinario”- Alessandro de Giorgi – Universidad de San José (Estados Unidos)

 

A primera vista, parecería que cada uno de estos “escenarios de control social” manifiesta la prominencia de un tipo de prácticas en particular.

Así, la prisión y los centros de detención de inmigrantes ofrecerían ejemplos claros de reclusión masiva; el territorio urbano representaría el campo de nuevas prácticas de vigilancia generalizada; y la Internet sería considerada como una esfera pública cada vez más afectada por estrategias de privatización y limitación de acceso.

Sin embargo, el punto de vista que aquí se propone es diferente: estos sitios parecen ser paradigmáticos de las actuales transformaciones del control social, pero las tres tecnologías mencionadas caracterizan, en cierto sentido, a todos ellos simultáneamente.

Sólo para ofrecer algunos ejemplos:

  • La tarea de recluir a los “residuos sociales” producidos por la economía neoliberal y por la reducción del Estado de Bienestar, es realizada por la prisión y por los centros de detención de inmigrantes así como por los guetos urbanos.
  • En el mismo sentido, el proyecto de excluir sistemáticamente a ciertas categorías de personas (definidas, como veremos, por su perfil actuarial), caracteriza a las ciudades post-modernas (en las que los pobres, los “sin techo” y los nuevos “extraños” son mantenidos fuera de muchos espacios públicos y privatizados) así como a las prisiones post-disciplinarias.
  • Asimismo, el acceso selectivo encontrará sus principales ejemplos en el territorio urbano, con la difusión de “zonas prohibidas” y de “comunidades cercadas”, pero la misma lógica inspira algunas nuevas políticas para el control de la información (y particularmente de la información electrónica), basadas en la imposición de límites al acceso. Y lo mismo ocurre con la vigilancia generalizada.

El renovado rol del encarcelamiento –y de otras prácticas relacionadas a la reclusión, como la detención de extranjeros indocumentados en los centros de detención de inmigrantes– es un tema de alcance mundial y no solo una práctica común en los Estados Unidos. Sirve como instrumento para el control de las enormes contradicciones sociales producidas por la transición a un orden neoliberal, y puede ser contemplado también en muchos países europeos, cuyas “diversas” poblaciones detenidas están incrementándose.

11/07/17 Reseñas # ,

La sanción post panóptica I

Resumen de “Hacia una economía post-fordista del castigo: la nueva penología como estrategia de control post-disciplinario”- Alessandro de Giorgi – Universidad de San José (Estados Unidos)

 

“El sistema económico que los criminólogos estudiaron y relacionaron con las políticas penales estaba basado en el modelo fordista de producción: un sistema caracterizado por industrias de producción masiva, asistencia social extendida, desempleo reducido y bajos niveles de flexibilidad laboral.

En este sentido, los treinta años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial estuvieron caracterizados por una coherencia intrínseca entre prácticas penales y políticas socio-económicas. La prisión correccional y la fábrica taylorista, la filosofía de la reinserción y el desarrollo de la asistencia social, baja tasa de encarcelamiento y bajo desempleo: todas estas características encuentran cierta coherencia dentro de un modelo inclusivo de ciudadanía social basada en el trabajo asalariado.

En los últimos treinta años, hemos sido testigos del proceso de transformación de las economías occidentales, caracterizado por el ocaso del modelo industrial (fordista) y por la emergencia de nuevas relaciones de producción.

Cada vez menos personas trabajan estable y sólidamente, y más están formalmente “desocupadas”o bien prisioneras de la “economía informal”. Al mismo tiempo, asistimos a un incremento constante del número de actividades (tradicionalmente fuera-del-mercado) que están ahora cada vez más mercantilizadas.

El control penal funcionó en el modelo fordista como una máquina disciplinaria cuyo objetivo era vencer la resistencia de la fuerza de trabajo, cubrir sus déficits, imponer su cooperación con el sistema de producción,y promover el auto-control.

Los dispositivos de poder y control disciplinarios necesitaban ser activados productivamente porque había una improductividad social difundida, una dispersión latente de recursos y una falta de cooperación productiva. Aquí, las relaciones capitalistas de producción necesitaban producir la fuerza de trabajo, prepararla para la cooperación para la que parecía inapropiada, descalificada, insuficientemente socializada y a menudo explícitamente reacia. Continuar leyendo

06/06/17 Reseñas # , ,

Vivimos en dos mundos paralelos y diferentes: el online y el offline

Vivimos en dos mundos paralelos y diferentes: el online y el offline

Resumen de artículo de Zygmunt Bauman- mayo 2014

 

Elegí llamar ‘modernidad líquida’ a la creciente convicción de que el cambio es lo único permanente y la incerteza la única certeza. La vida moderna puede adquirir diversas formas, pero lo que las une a todas es precisamente esa fragilidad, esa temporalidad, la vulnerabilidad y la inclinación al cambio constante.

La incertidumbre es nuestro estado mental que está regido por ideas como “no sé lo que va a suceder”, “no puedo planificar un futuro”. El segundo sentimiento es el de impotencia, porque aun cuando sepamos qué es lo que debemos hacer, no estamos seguros de que eso vaya a ser efectivo: “no tengo los recursos, los medios”, “no tengo el poder suficiente para encarar el desafío”. El tercer elemento, que es el más dañino psicológicamente, es el que afecta la autoestima. Uno se siente un perdedor: “no puedo mantenerme a flote, me hundo”, “son los demás los exitosos”. En este estado anímico de inestabilidad, maníaco, esquizofrénico, el hombre está desesperado buscando una solución mágica. Uno se vuelve agresivo, brutal en la relación con los demás. Usamos los avances tecnológicos que, teóricamente deberían ayudarnos a extender nuestras fronteras, en sentido contrario. Los utilizamos para volvernos herméticos, para cerrarnos en lo que llamo “echo chambers”, un espacio donde lo único que se escucha son ecos de nuestras voces, o para encerrarnos en un “hall de los espejos” donde sólo se refleja nuestra propia imagen y nada más.

Hoy vivimos simultáneamente en dos mundos paralelos y diferentes. Uno, creado por la tecnología online, nos permite transcurrir horas frente a una pantalla. Por otro lado, tenemos una vida normal. La otra mitad del día consciente la pasamos en el mundo que, en oposición al mundo online, llamo offline. Según las últimas investigaciones estadísticas, en promedio, cada uno de nosotros pasa siete horas y media delante de la pantalla. Y, paradojalmente, el peligro que yace allí es la propensión de la mayor parte de los internautas a hacer del mundo online una zona ausente de conflictos. Cuando uno camina por la calle en Buenos Aires, en Río de Janeiro, en Venecia o en Roma, no se puede evitar encontrarse con la diversidad de las personas. Uno debe negociar la cohabitación con esa gente de distinto color de piel, de diferentes religiones, diferentes idiomas. No se puede evitar. Pero sí se puede esquivar en Internet. Ahí hay una solución mágica a nuestros problemas. Uno oprime el botón “borrar” y las sensaciones desagradables desaparecen. Estamos en proceso de liquidez ayudada por el desarrollo de esta tecnología. Estamos olvidando lentamente, o nunca lo hemos aprendido, el arte del diálogo. Entre los daños más analizados y teóricamente más nocivos de la vida online están la dispersión de la atención, el deterioro de la capacidad de escuchar y de la facultad de comprender, que llevan al empobrecimiento de la capacidad de dialogar, una forma de comunicación de vital importancia en el mundo offline.

El futuro de nuestra cohabitación en la vida moderna se basa en el desarrollo del arte del diálogo. El diálogo implica una intención real de comprendernos mutuamente para vivir juntos en paz, aun gracias a nuestras diferencias y no a pesar de ellas. Hay que transformar esa coexistencia llena de problemas en cooperación, lo que se revelará en un enriquecimiento mutuo.

Hallamos un sustituto a nuestra sociabilidad en Internet y eso hace más fácil no resolver los problemas de la diversidad. Es un modo infantil de esquivar vivir en la diversidad.

30/05/17 Reseñas # , ,

Cinco cosas que pasan en nuestro cerebro cuando navegamos por internet

Resumen de artículo publicado en BBC Mundo  – Tecnología- 9 mayo 2017

Cuando entramos en el ciberespacio, no siempre somos conscientes de que nos adentramos en un mundo virtual donde el tiempo pasa más deprisa. Allí pensamos y nos comportamos de manera muy distinta a como lo hacemos en el mundo real. La ciberpsicóloga forense Mary Aiken lo describe como un «mundo hiperconectado» en el que «todo se amplifica» (lo bueno, como el altruismo, y lo malo, como la delincuencia) y nos volvemos mucho más vulnerables. «La tecnología se ha infiltrado en cada uno de los aspectos de nuestra vida. Nuestros instintos nos fallan cuando entramos en el ciberespacio», escribe Aiken en su libro The Cyber Effect (2016), en el que habla del comportamiento humano en internet. «Estamos viviendo un momento histórico muy emocionante en el cual están cambiando muchos aspectos de la vida en la Tierra. Pero lo nuevo no siempre es bueno y tecnología no es sinónimo de progreso», dice la psicóloga, cuyo trabajo en el FBI e Interpol inspiró la serie televisiva CSI Cyber. Estos son algunos de los efectos que se han observado.

  1. «Puedo ser quien quiera ser» (desinhibición online): En internet nos ponemos el traje de superhéroes y nos desinhibimos, alentados por la sensación de anonimato. «Este efecto es muy interesante porque hace que la gente haga cosas en el mundo cibernético que no haría en el mudo real», le contó Aiken a la BBC. Los seres humanos somos menos amables en internet que en persona y más proclives a ofender a los demás.
  2. «No me conoces» (anonimato disociativo): ¿Conoces realmente a las personas con las que interactúas en internet? La mayoría de las personas en internet no saben quién eres. Cuando tenemos la posibilidad de separar nuestras acciones del mundo real y de nuestra identidad, nos sentimos menos vulnerables a la hora de abrirnos a los demás. Y este efecto tiene como consecuencia otros efectos, como el de la agrupación online. «En un estado mental menos inhibido, las personas con ideas afines se encuentran más fácilmente», explica Aiken.
  3. «No puedes verme» (invisibilidad): Internet nos otorga el poder de la invisibilidad, por eso somos más abiertos a la hora de compartir nuestras cosas con los demás. La oportunidad de ser invisible amplifica el efecto desinhibidor. No tienes que preocuparte sobre cómo te ves o cómo suenas cuando dices (tecleas) algo y puedes evitar el contacto visual. Otra de las consecuencias de esta invisibilidad es lo que Aiken llama «cibersocialización», una forma acelerada de socialización potenciada por las redes sociales y la manera en que nos comunicamos en internet. Y también la minimización de la autoridad.
  4. «¿Cuánto tiempo ha pasado?» (Distorsión del tiempo): «Haz esto la próxima vez que te conectes a internet: desconecta el reloj de tu pantalla y, de vez en cuando, ponte a prueba para ver si eres capaz de calcular con acierto el paso del tiempo», sugiere Aiken. ¿Cuánto tiempo necesitamos dejar de usar el teléfono y las redes sociales para que una desintoxicación digital sea efectiva? La razón es que internet modifica nuestro proceso de atención. A esta distorsión del tiempo habría que sumar el asincronismo del universo virtual: la interacción en internet no ocurre en tiempo real, y no tener que tratar con reacciones inmediatas hace que nos relajemos.
  5. «Es sólo un juego» (imaginación disociativa): En internet nos sentimos como personajes imaginarios que «creamos» y que existen en un espacio diferente, la dimensión digital. Es un mundo soñado, fuera de las responsabilidades del mundo real. Separamos o disociamos la ficción online de los hechos offline. Una vez que apagamos la computadora y volvemos a la rutina del día a día, creemos que se puede dejar atrás la identidad en el juego. ¿Por qué deberíamos sentirnos responsables de lo que ocurre en ese mundo de ficción que no tiene nada que ver con la realidad?
21/03/17 Reseñas # , ,

Breve selección de información internacional acerca de la desigualdad de género

(Fuentes: ABC.es y BBC mundo – Leanin.org – Forbes.com)

Según el Informe del Foro Económico Mundial sobre Igualdad de Género del año 2013, Islandia encabeza el ranking de países donde hay una mayor igualdad entre varones y mujeres.

Con una población cercana a los 330.000 habitantes, Islandia tiene la asamblea legislativa más antigua del mundo establecida en el año 930. Sin embargo, la primera mujer que pudo acceder a ella lo hizo en 1922, es decir casi un milenio después. En la actualidad, el 40 por ciento de las bancadas y el 50% del gabinete de ministros son ocupados por mujeres. El 70% de los graduados universitarios son mujeres, aunque la proporción es mucho menor en carreras como ingeniería.

Una forma posible de explicar estas cifras reside en la importancia que concede el gobierno a la conciliación de las responsabilidades de varones y mujeres entre la vida familiar y laboral. Desde el año 2003, los islandeses tienen un sistema único de bajas parentales que concede a las parejas nueve meses de permiso para atender a sus hijos recién nacidos. La madre dispone de tres meses, lo mismo que el padre y cuentan con tres meses adicionales que ambos progenitores pueden repartirse según les convenga. Los padres que trabajan a tiempo completo reciben un 80 por ciento de su salario mientras dura la baja. A partir de entonces, el 90 por ciento de los niños islandeses acude a guarderías públicas financiadas por el estado. No es de extrañar que sea uno de los países con una de las tasas de fertilidad más altas de Europa, dos hijos por mujer, y que tenga el más alto nivel de empleo femenino del mundo, superior al 80 por ciento.

Sin embargo, queda todavía un largo camino por recorrer. Sigue preocupando acabar con la violencia contra las mujeres. Por ejemplo en un sondeo reciente de 3.000 mujeres, el 24% dijo haber sido víctima de violencia sexual alguna vez desde los 16 años. Según datos del Foro Económico Mundial, se ha logrado cerrar solamente en un 80% la brecha salarial entre varones y mujeres, ya que se calcula que las mujeres cobran de media un 20 por ciento menos. A fin de paliar estas diferencias salariales, el Parlamento aprobó una ley que obliga a las compañías a tener un mínimo de 40 por ciento de mujeres en sus puestos de dirección.

Hablando de mujeres en puestos de dirección, una de las más notables y mejor documentadas investigaciones sobre desigualdad de género en el ámbito laboral fue publicada también en 2013. “Lean in” es el nombre del libro que recoge este trabajo. Su autora: Sheryl Kara Sandberg, economista graduada en Harvard y CEO de Facebook, nacida en Washington en 1969. Según la Revista Forbes Sandberg integra el exclusivo Ranking de las 1500 personas en todo el mundo cuya riqueza supera los mil millones de dólares (posición 1426), es decir puesto 470 entre sus coterráneos en los Estados Unidos.

Sandberg propone un espacio colaborativo (primero entre mujeres, pero luego entre varones y mujeres) para la toma concreta de acción con el objetivo de erradicar la desigualdad, a partir de una reflexión crítica de pautas de conducta naturalizadas en la socialización. Ese espacio puede ser consultado en www.leanin.org

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Desafios de la construccin